Julia Rodríguez Larreta
Ya desatado el duro enfrentamiento con el campo, el sábado 29 de marzo, esta columna finalizaba con un ominoso presagio; que el gobierno terminaría decretando la ley de esencialidad por desabastecimiento. Una instrumento para arrinconar más al sector agropecuario, aunque al mismo tiempo comenzaran los "franeleos" con las entidades representativas, supuestamente para acercar posiciones. Si bien hasta ahora lo único que ha quedado claro es el interés por dividirlas. La vaticinada amenaza se ha llevado a la práctica.
El próximo martes tendrán que presentarse ante la justicia los cuatro presidentes de las entidades agropecuarias. Citados por el juez en lo penal y económico Marcelo Aguinsky, el mismo que actuó en el caso Moreno (Secretario de Comercio) contra Shell. Memorable embestida del gobierno contra una empresa privada, el año pasado, en la que no faltó ni siquiera que desde la Rosada se promoviera un "escrache piquetero".
Así es que por segunda vez, Moreno consigue su objetivo. El juez Oyarbide al decretar la remisión de la causa al juzgado penal económico, reconoció que la ley está vigente. La N° 20.680, nacida en junio de 1974, durante la tercera presidencia de Perón.
Situación que condice con la impresión de que hay magistrados y funcionarios abiertamente dispuestos a hacerle el gusto a quien está en el poder. Y por otro lado, también concuerda con la actitud observada en el ex presidente, aunque lo de ex sea más una formalidad que otra cosa, ya que en sus afanes por convertirse en el presidente del justicialismo, a pesar de que antes decía que no le interesaba, se ha vuelto notoriamente propenso al verticalismo puro y duro. Atrás parecen haber quedado las estrategias del multipartidismo y la transversalidad.
Frente a lo cual han comenzado a advertirse ciertos atisbos de creación de un frente opositor. Un grupo de senadores, diputados y dirigentes de diverso pelo, desde Narváez y el ex gobernador Juez, hasta gente del PRO, del Movimiento Popular Neuquino, etc., se reunieron en un foro que busca acercar posiciones. En principio, para elaborar una reforma política, pero también para presentar proyectos en conjunto como en el que se ha estado trabajando, que busca la derogación de la resolución que fijó las retenciones móviles.
CAMPO. Mientras tanto, las conversaciones entre el gobierno y el campo no tienen avances verdaderos y la tensión que genera el plazo dado por los rurales, que se acerca, para recomenzar con los cortes de rutas, es cada vez más fuerte.
Como si esto fuera poco, el aire se ha enrarecido y no sólo metafóricamente, con la inmensa humareda que ha tapado a buena parte de la Argentina y de paso al Uruguay, (¿alguien se recuerda de Botnia?). Al tiempo que la Secretaria de Medio Ambiente, que ha quedado completamente desautorizada por su incapacidad para controlar el fenómeno, (no tenía ni un avión cisterna en la zona), ha sido demandada por una ONG, las autoridades, desde la Presidenta en adelante, no han dudado en culpar severamente a los productores rurales por su delictivo accionar y están en pie de meter a algunos presos. El único, hasta ahora un peón uruguayo.
Pero sin embargo, no está nada clara la verdadera historia. Los acusados se defienden y un ingeniero agrónomo forestal, que hace años trabaja en la zona de las islas, ha hecho circular una carta con un enfoque bien diferente.
A la vez que admite que los lugareños suelen quemar pajonales para limpiar el campo para el pastoreo, cuenta que este año hubieron reuniones y charlas, inclusive promovidas por el Ministerio de Asuntos Agrarios provincial, el INTA, los municipios, para alertar que con la sequía reinante, era muy peligroso hacer quematinas. Mensaje que fue comprendido cabalmente, y que despertó absoluto consenso. A nadie le conviene que el fuego se salga de madre, muera la fauna local de la que vive, se queme la reserva forrajera, las forestaciones que hay en la zona y la gente corra peligro.
Pero según cuenta el ingeniero apellidado Matteauda, en los días previos tuvo oportunidad él y personal de la zona, de observar ciertos "movimientos de personas extrañas al paraje" y cuando se acercó a hablar con uno de ellos, este le dio un nombre que le sorprendió, pues le parecía conocerlo, un subprefecto de la zona, el cual luego fue trasladado, curiosamente, a poco de haber asumido el cargo. Al informar en la Prefectura de Zárate de que habían fuegos descontrolados, no les quisieron tomar la denuncia y lo mismo ocurrió al dirigirse a la policía de la provincia de Buenos Aires. Por lo que tampoco llegó ningún apoyo para luchar contra los incendios.
Después encontraron restos muy sospechosos, en un potrero.