DIEGO FISCHER
Recuerdo que tenía 10 años. Y que una nube de humo espesa ocultó, durante horas, la privilegiada vista que teníamos desde las ventanas de mi casa de la bahía de Montevideo.
"Es el Sodre que se está incendiando", informó entonces con pesar mi madre.
"¿Ha transitado últimamente por la calle Mercedes entre Florida y Andes? Si viene de la Ciudad Vieja y mira a mano izquierda se topará con un edificio de frente de vidrio, cercado, en algunas partes, por andamios. Es el eternamente inconcluso Sodre.
Si mira a la derecha se encontrará con un baldío amurallado, dos edificios tapiados, un almacén -que exhibe en la vereda cajones de naranjas y verduras-, una academia y más propiedades abandonadas y selladas con ladrillos para evitar su ocupación por intrusos. El entorno no puede ser más triste.
Pertenezco a la generación que creció escuchando hablar de la reconstrucción del Estudio Auditorio del Sodre. No hubo gobierno, desde 1972, que no anunciara que la edificación de la emblemática sala era una prioridad. Hasta la dictadura, que expropió teatros y desparramó a artistas compatriotas por todo el mundo, lo tuvo en su agenda.
Pero fue con el retorno de la democracia, en 1985, que el proyecto y las expectativas renacieron.
Y tuvieron en la doctora Adela Reta, hasta su muerte, y en el contador Enrique Iglesias a sus mayores impulsores.
Por estos días se ha anunciado la inauguración del edificio equipado, para dentro de 15 meses. La inauguración: ¿definitiva?.
Porque ya hubo una en 1999, un año electoral. ¿Se acuerda? ¿Será este un nuevo ensayo general o estaremos ante el estreno de una gran obra?
Desde aquel episodio en que el humo tapó buena parte del Centro de Montevideo a hoy transcurrieron 37 años. Ah, no me di cuenta que acabo de revelar mi edad.