Julia Rodríguez Larreta
No es la primera vez que desde este lado del río nos agarramos la cabeza, frente a lo que ocurre en la Argentina y de un tiempo a esta parte, para los que sentimos a ese país muy cerca nuestro, para quienes lo consideramos como una segunda patria, observar lo que allí sucede, resulta doloroso.
Vemos que una vez más, la Argentina, gracias al gobierno que la conduce, pierde las grandes oportunidades que estaría en condiciones de aprovechar. Con un territorio de naturaleza generosa en toda clase de recursos, tanto en capital humano, como natural, lo que le haría posible ser rico en energía, importante exportador de combustibles y de metales por lo fecundo de su subsuelo y su cordillera; de sus campos de tierras vastas y fértiles, que le permitirían ser uno de los más importantes productores de alimentos del mundo y porque tiene gente capaz que sabe trabajar en forma moderna y profesional.
Sin embargo, la realidad es que mientras en Brasil, el gobierno apuesta a apoyar a la producción ganadera, que ya ha crecido enormemente, como lo acaba de anunciar el presidente Lula, la estrategia es un mayor respaldo, el gobierno argentino hace exactamente lo contrario. Su política para con el sector, es la de un enemigo, y como a tales trata a los del sector.
Prefiere un enfrentamiento que ya dura 4 meses, con aparentemente un solo objetivo: derrotarlos. Y con esas medidas de hostigamiento, que ya desde hace mucho tiempo se vienen llevando a cabo -antes de que se produjera el enroque matrimonial-, que abarcan a todos los subsectores, la Argentina, un productor de carne mundialmente reconocido, este mes de junio no cumplirá con las exportaciones dentro de la cuota Hilton, lo que le permitía la venta de 28. 000 toneladas con preferencias arancelarias. Esa valiosa porción del mercado cárnico de la Unión Europea a la que todas las naciones que están en el rubro aspiran a entrar. Y en el cual Brasil ha quedado afuera momentáneamente, por razones sanitarias (aftosa), mientras que en el caso argentino está detrás la mano K. Con sus medidas restrictivas para la exportación de ganado, la que fue prohibida totalmente el año pasado con solo algunos pequeños levantamientos de la prohibición.
Es evidente que hay un desánimo instigado desde el Ejecutivo para la producción ganadera, que a su vez se ve jaqueada, igual que en nuestro país, por la producción de granos. Siendo otro síntoma del ambiente que existe en ese sector, y no solo porque estemos en invierno, el que al mercado de Liniers han llegado cantidad de vacas y vaquillonas, lo cual se traduce, para el futuro, en una merma del número de vientres.
PROBLEMAS. El enfrentamiento del gobierno con el campo, que ha llevado la situación a límites alarmantes, con efectos que dañan a un muy amplio espectro de la actividad económica del país -tal como lo hemos descrito en otros artículos-, lleva a pensar que en el fondo se trata de una gigantesca negación o un oscuro telón detrás del cual se disimulan otros graves problemas. La crisis energética que aprisiona a la Argentina, así como la escalada de la inflación que no se logra contener.
Y lo peor es que esa precariedad en cuanto a energía, en la que hoy se encuentra Argentina, es también producto de la política del gobierno de Kirchner, que ha sido como mandada a hacer para que las empresas dejaran de invertir. De modernizarse, de desarrollarse, de hacer prospecciones, de buscar nuevos yacimientos. Vino la devaluación, ya no corría el uno a uno, el dólar se fue a tres, pero precios y tarifas quedaron pesificados, y los maneja el poder de acuerdo a criterios populistas. Les pusieron retenciones a la exportación y en el mercado interno se paga, por ejemplo, el combustible, un tercio de lo que vale el producto en el mercado externo.
A su vez, también a la minería le pusieron retenciones, sin respetar la normativa en la cual se prohibía cambiar las reglas bajo las cuales se hicieron los contratos y concesiones por 30 años, así que no es de extrañar que se haya anunciado que no se seguirá adelante con la multimillonaria inversión que en el norte iba a realizar una importante compañía minera extranjera.
Si bien lo habitual en los países serios es que el fisco se nutra del impuesto al valor agregado, a las ganancias y las cargas sociales, para algunos el gran botín recaudatorio proviene de los impuestos al comercio exterior. En Argentina se suman los derechos de importación y las retenciones. Pero resulta que es en los países de menor nivel de vida donde se dan estos casos. Entre los 19 que superaron a Argentina (14%) en la incidencia de estos tributos, figuran Suazilandia, Costa de Marfil, Lesotho, Madagascar y última India, con 15%.