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Guntram se salvó por el dinero
"Lo que rescato es que se salvó y preservó su cabeza; me amarga que muchas madres no tienen esa suerte por falta de apoyo financiero", asegura la Princesa.

M.B.

Más de tres meses después del accidente, el hijo de la Princesa Laetitia D`Arenberg salió totalmente de peligro. Guntram pasó hace 15 días a la clínica de rehabilitación Fleni (Escobar, Buenos Aires) donde iniciará el camino de recuperar lo más posible sus facultades.

"Lo que más rescato de estos tiempos terribles que hemos pasado es que se salvó y su cabeza está en perfectas condiciones. Lo que más me amarga, sin embargo, es pensar en cuántas personas hay en este momento que no pueden tener esa suerte porque no tienen el apoyo financiero atrás para tener las cosas necesarias para un caso así", dice la madre, Laetitia, realmente amargada, con la voz firme pero afectada.

Es más: promete que de ahora en más trabajará para mejorar la prevención y la atención a los accidentados. "Me amarga porque hoy, en pleno siglo XXI, cómo puede ser que haya países donde la gente no puede acceder a una silla de ruedas adecuada al trauma que ha tenido", continúa la Princesa. Y cita por ejemplo lo caro que puede salir una pierna "biónica": 80.000 euros en Europa. Y también habla de las operaciones, que son "carísimas".

En el caso de Guntram, él tiene un seguro médico que cubrió gran parte de los costos, sus días de internación en Punta del Este, Montevideo y Buenos Aires. Y también Laetitia agradece las muestras "infinitas de solidaridad" de uruguayos y argentinos después de aquel 6 de febrero fatídico, cuando la moto de Guntram chocó contra un auto a una velocidad de 120 kilómetros por hora. Un fuerte casco, traído especialmente de Europa, lo salvó de un daño cerebral.

Ahora está bien. Tan bien que Laetitia habla todos los días por teléfono con su hijo y va a menudo a visitarlo. Habla pero no del choque. "Recuerda cosas que pasaron antes del accidente, pero del momento nada, no tiene ningún registro. No sabe bien lo qué pasó", comenta la madre.

Lo que queda ahora para Guntram Rodrigo Hadbsburg Lothrimgen (de 40 años) es seguir la rehabilitación. "Él me dice: a partir de ahora cierro el libro y de acá en adelante voy a luchar por una sola cosa: aprender a andar en una silla ortopédica y después voy a pensar en salir de la silla, no hoy, pero sí mañana", cuenta Laetitia. Guntram fue sometido a varias operaciones, entre ellas a una reconstrucción parcial de pelvis y cadera.

PREVENCIÓN. Para la Princesa, en cambio, el desafío recién comienza. Se ha reunido con Alejandra Forlán, la hermana de Diego y responsable de la fundación Punto Muerto que promueve la prevención de los accidentes. "Ella tiene buenísimas ideas y una fuerza increíble; yo voy a apoyarla y me voy a seguir reuniendo con más y más gente. Yo no soy el gobierno, pero es la obligación del gobierno hacer la prevención que corresponda, con los impuestos que pagamos".

Laetitia está indignada. "Pienso en la cantidad de madres que están pasando por lo mismo que pasé yo. Es indescriptible, un sentimiento que queda anclado en una y solamente a través de lágrimas puede ir saliendo. Pienso en esas madres que pasan por esto porque los gobiernos no están tomando medidas fuertes. Cuando uno ve la cantidad de accidentes que hay en este país en función de la cantidad de autos y motos, no puedo creer que sigamos como en el siglo XIV".

La "princesa charrúa", como se la conoce, llamó entonces a ser más duros en los controles de alcohol y en el uso de las protecciones como el casco.

VERANO TRÁGICO. Por suerte, Guntram tenía todas las protecciones. Él, fanático de las motos de alta cilindrada y la velocidad, sabía que debía andar protegido. Incluso, el día del accidente llevaba una campera que se "infla con el impacto", pero no funcionó pues la traía con el cierre abierto, según Laetitia. Eso hizo que se golpeara el tórax y la pelvis y de ahí el riesgo de vida de Guntram por varios días. El casco, en cambio, preservó la cabeza.

En rigor, estuvo tres veces a un paso de la muerte. Enseguida del accidente, luego en la ambulancia y su llegada al CTI del Sanatorio Cantegril de Punta del Este. En las tres ocasiones fue asistido y Laetitia destaca la primera intervención de un señor llamado Tito Navarro (casero de la chacra de Alan Faena), que le aplicó reanimación y reiki cuando Guntram estaba tendido en la carretera. Menciona también a los médicos de la emergencia móvil y a los del sanatorios que lo recibieron después. "Todos personas humildes que ayudaron en forma completamente desinteresada y así, salvaron la vida de mi hijo", dice la Princesa.

Ella es fuerte y añade que en todo momento mantuvo la esperanza. Sólo dudó cuando la primera impresión. "Cuando llegué al Cantegril y entré... pensé que lo había perdido.... no puedo sacarme esa imagen de la cabeza", dice la Princesa. Y durante la estadía de Guntram en el sanatorio de Punta del Este, el período más crítico, ella no podía pensar en otra cosa que fuera la salud de su hijo. "En ese momento, me hablaban de Las Rosas (su estancia en Florida) y era como si me hablaran en chino, no me importaba nada", asegura.

Luego explica que se eligió continuar con el tratamiento en Buenos Aires porque en Montevideo "no hay centros de rehabilitación. No sabés la cantidad de uruguayos que nos encontramos en la Clínica Fleni. Van allá, no porque los médicos uruguayos sean malos, sino porque acá no existe todo el equipamiento para la rehabilitación", relata Laetitia.

El accidente de Guntram se produjo apenas unos días después de la muerte del hermano de Laetitia, el príncipe Rodrigo D`Arenberg. A la vez, antes ya aquejaban en la vida de Laetitia varios males. "En octubre (de 2007) tuvimos que operar a Guntram de un melanoma feo en el párpado. En noviembre, tuve la idea de dejar de fumar, tomé medicinas para eso que sumadas a las de la presión hicieron como un bombazo y me sentí muy mal, estuve un mes que desaparecí del mapa". Luego viene el fallecimiento del hermano y el accidente.

Pese a todo, igual, ella repite que es fuerte y que todos sus emprendimientos han seguido adelante a pesar de su larga ausencia. Las Rosas, La Pataia, la representación de Mitsubishi y la productora Atenea quedaron a "cargo de personas con la camiseta muy puesta y a quienes les agradezco infinitamente", dice.

También siguieron tal cual se realizaban las actividades de beneficencia que mantiene y de las que no habla mucho. Últimanente, por ejemplo, salió a la venta el libro La princesa charrúa, un texto de Susana Gallinal que recoge testimonios y anécdotas de otras personas sobre Laetitia. "Todo lo recaudado por el libro va para la ONG Renacer", una fundación de recuperación de adictos, comenta.

El dato

Una pasión por la adrenalina

Guntram Rodrigo Hadbsburg Lothrimgen viajaba con su moto Ducati BAX 576 de 1000 centímetros cúbicos cuando chocó el 6 de febrero contra un auto en la Ruta 10 de Punta del Este. Se dirigía al Jagüel a tomar clases de vuelo. Su madre, Laetitia D`Arenberg, lo compara con su tío (el recientemente fallecido príncipe Rodrigo D`Arenberg) por su atracción por la adrenalina. "Sus pasiones son el surf, los autos, las motos, los aviones y los barcos", describe la Princesa. Y resume: "la velocidad, la adrenalina; pero es muy responsable en los cuidados también". El día del accidente usaba un casco que salvó su vida. Después, Guntram no ha hablado hasta ahora del mismo.

El cariño por Uruguay

"Lo tenés que perder a este país para darte cuenta de lo que vale". Así se refiere la Princesa Laetitia D`Arenberg a su larga estadía en Buenos Aires junto a su hijo accidentado.

Después de más de un mes, Laetitia volvió la semana pasada y relata: "Ni bien toqué tierra uruguaya empecé a llorar".

"Una sola vez salí de la (Clínica) Fleni porque ya no aguantaba más la presión de esos cuartos de CTI, que lo operan, que no lo operan. Termina siendo una locura tan grande que ya no podés comer, vivis ahogándote dentro de vasos de coca, agua, café tomás todo el día, pero no comés. De lo único que se habla es del tema. Entonces Graciela (Rompani) me dijo: `vamos al cine`. Y fuimos a ver la película Elizabeth. En la trama, en un momento dado, aunque no lo creas, había una parte donde ella y el amante salen a caballo en una pradera. Entonces empiezo a llorar en la escena porque era igual a Las Rosas" (la estancia de D`Arenberg en el departamento de Florida).



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