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Confesiones del Rey Pelé
"Soy un mito"
"Pido a Dios que lo proteja", respondió respecto a los dichos de Maradona en Cannes, cuando aseguró que Pelé no tenía "dignidad moral" para hablar de él.

Sus fracasos de pareja, su hijo vinculado al narcotráfico, su vivencia en la política como ministro de Cardoso, Lula, Maradona, sus negocios, sus planes, lo díficil que le resulta separar a Edson de Pelé. De paso por Chile, el mayor ícono viviente del fútbol habló de todo.

EL MERCURIO | GAZI JALIL F.

En un minuto de paz, lejos de los focos, sin flashes que estallen en su cara, sin ningún micrófono enfrente, sin nadie que le pida un autógrafo, Pelé se queda mirando por la ventana el aguacero que cae implacable sobre Santiago de Chile. No ha parado de llover la noche anterior y pese al incesante movimiento de managers, ejecutivos, mozos y periodistas que hay en el bar Duke`s del Hotel Hyatt, la mayor leyenda viviente del fútbol parece ausente mientras escucha el suave martilleo de las gotas.

Ha sido un día intenso para Edson Arantes do Nascimento. Convertido en embajador de la Copa Santander Libertadores, ofreció una conferencia de prensa, se reunió con gerentes del banco español, inauguró una red de sucursales, recibió un par de homenajes y dio dos entrevistas exclusivas. Esta es una de ellas.

Ahora, momentáneamente a salvo de su recargada agenda, todo parece estar bien en su mundo, hasta que alguien lo llama y le dice que su café está servido, y entonces arregla el nudo de su corbata roja, se desabrocha un botón de la chaqueta y Edson se dispone, por enésima vez, a dejar de ser Edson y volver a ser Pelé.

Tiene 67 años y sus ojos lucen vidriosos, como si no estuvieran mirando. Pero su rostro se conserva casi sin arrugas y no asoma una sola cana en su pelo. Desde que era adolescente que usa el mismo corte de cabello feo, que durante los 60 lo transformó en moda. Lo ha llevado siempre así, porque era el de su padre, Dondinho, un futbolista que terminó su carrera por una lesión a la rodilla y que le dio las primeras lecciones del deporte.

"¡Epa! No tengo 67", corrige. "Tengo seis punto siete años". Pelé ríe con su ocurrencia. "Siempre digo que soy un hombre de tres corazones, porque nací en una ciudad de Minas Gerais que se llama Tres Corazones, así que tengo mucho tiempo por vivir" dice, restándole importancia al tema de su edad, un poco por ego, un poco porque siempre le preguntan lo mismo y un poco porque sabe que todo lo que diga en broma será chistoso.

Desde que dejó las canchas en 1977, Pelé ha tenido una vida activa. Ha sido comentarista deportivo, protagonista de películas, ministro del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, empresario, rostro de decenas de campañas y hasta hombre ancla contra la disfunción eréctil para Laboratorio Pfizer, fabricante del Viagra.

Hoy, reparte su vida escapando del frío de un hemisferio a otro: vive seis meses en Nueva York -donde tiene un departamento, una oficina y una casa en East Hampton- y seis meses en Sao Paulo. Muy cerca de allí, posee un predio de cien mil hectáreas, 400 cabezas de ganado, mil cerdos y un lago artificial donde se crían carpas y otros peces para la venta. Ese es su refugio. Allí puede ser Edson todo el tiempo. Dice que es el único lugar en que disfruta de la paz y la quietud, donde puede estar por horas contemplando los campos que son suyos hasta donde llega la vista. "Generalmente paso entre 15 a 20 días allí, pero a los 15 días empiezo a desesperarme. Echo de menos el ajetreo. Lo que planeo, de aquí a un tiempo, es parar de viajar. Pienso dedicarme a mi universidad en Brasil que se llama Campus Pelé, una escuela de fútbol para niños".

MUJERES E HIJOS. Pero aún pasa buena parte del año viajando entre compromisos, homenajes y eventos, algo que le costó su primer matrimonio con Rosemeri Cholbi, su novia de la adolescencia, y recientemente su segundo matrimonio con Assiría Seixas Lemos, una estrella del gospel en Brasil, con quien estuvo casado durante 13 años.

"No fue nada personal", explica. "Fue una cosa más bien religiosa, de falta de compatibilidad. Ella y su familia son evangélicos y en la mía son todos católicos. Entonces tuvimos problemas de conexión, algo que nunca me había pasado, porque yo viajo por todo el mundo, estoy con budistas, católicos, musulmanes, pero tuvimos esta dificultad… ahora somos amigos".

-¿Cuáles han sido los mayores costos de ser Pelé?

-Creo que la privacidad. Esa es la cosa más difícil de conciliar. Pierdes totalmente la libertad de salir con tus hijos, de ir a un cine, de ir de compras. Pero Dios te va enseñando y aprendes a manejarlo.

Con siete hijos de cuatro mujeres distintas, no le ha sido fácil a Pelé mantener en reserva su vida privada. La prensa brasileña ha dedicado cerros de páginas e imágenes a sus relaciones sentimentales -entre ellas, con Xuxa, modelos y un par de ex reinas de belleza- y especialmente a los escándalos en que se ha visto involucrado. Una de sus hijas, Sandra, apareció en su vida a comienzos de los 90 exigiéndole reconocer su paternidad. Fue necesario un examen de ADN y largas jornadas en tribunales para que Pelé finalmente admitiera que ella había sido fruto de una relación pasajera. En 2006 Sandra murió de cáncer y él no fue a su funeral.

Pero más duro, admite, fue el caso de su hijo mayor, Edinho, ex arquero del Santos, el equipo con que Pelé ganó casi todos sus títulos, quien estuvo preso dos veces tras ser vinculado a narcotraficantes.

-¿Qué responsabilidad asume como padre por ese hecho?

-Cuando pasó, él tenía su vida, estaba casado y tenía su familia. Pero había hecho amistad con el hijo de Pitico, un mediocampista del Santos. Fue difícil para mí entenderlo, porque yo siempre trabajé contra las drogas. Los deportistas no combinan con estas cosas y pasa esto con mi hijo. Fue una prueba de Dios. Felizmente, fue cosa de dos a tres meses y él salió, pero como era hijo de Pelé la publicidad fue mayor. Hoy está bien y trabajando como supervisor en el Santos.

POLÍTICA Y RIVALES. Pelé responde con tranquilidad y, por momentos, pareciera que es Edson quien está hablando, desprovisto de toda la coraza que significa ser el ícono más famoso del fútbol, el Atleta del Siglo para el Comité Olímpico Internacional, Ciudadano del Mundo para la ONU, embajador de la Unesco y Caballero Honorario de la reina Isabel de Inglaterra.

Dejó hace mucho tiempo de ser sólo un crack deportivo para convertirse en una marca que recorre el mundo. Recibe cientos de peticiones de empresas para que su rostro avale todo tipo de artículos. "Hasta me han ofrecido anunciar papel higiénico", dice riendo. Existe, incluso, un café Pelé, que aceptó para ayudar a promover el café brasileño. Él mismo cuenta en su biografía, publicada en 2007, que cuando las tropas norteamericanas capturaron a Sadam Husein, aparentemente lo encontraron con sólo tres posesiones: una ametralladora, una maleta repleta de dólares y un paquete de café Pelé.

No hace mucho, Edson registró su apodo -que, en rigor, no significa nada: sólo es la deformación de otro sobrenombre- y hoy posee una cadena de gimnasios llamada Pelé Club y planea ampliar la marca a perfumes, relojes y ropa.

Lejos están sus años de infancia, cuando era tan pobre que no usaba zapatos y vestía ropa desechada por otros. Su vida se ha transformado en un ejemplo para miles de niños de las favelas que sueñan con ser ricos, famosos y adorados.

"Pero tengo muchos defectos y problemas", dice él. "Pido a Dios que me dé tranquilidad y discernimiento para no decepcionar a la gente que me sigue. Sé que muchos niños intentan imitar a Pelé, así que procuro errar lo menos posible. Pero sólo soy un ser humano".

Pese a todo, hay sectores en Brasil que lo tratan con dureza, tanto en la prensa como en la política y en el mismo fútbol. Su paso como ministro de Deporte de Cardoso lo llenó de enemigos. "Ellos (sus críticos) procuran la perfección y no hay nadie perfecto. Sólo Dios. Como ministro quise hacer una ley para proteger a los jugadores. Los clubes grandes en Brasil funcionan todos mal, pero tuve grandes problemas con los presidentes del fútbol, porque a ellos no les interesaba profesionalizar este deporte. Tuve mucha oposición… pero ya me acostumbré a eso".

-¿Siente que hay envidia a su alrededor?

-No sé si es envidia, porque los brasileños me adoran. Hay una cosa cultural y no sólo me pasa a mí: Oscar Niemeyer, los grandes ídolos brasileños, los músicos, todos ellos dicen que los brasileños los quieren más cuando están afuera, pero adentro les dan duro.

-¿Qué le queda por hacer?

-Muchas cosas. Si no sueñas, estás muerto en vida. Quiero seguir luchando para que mi país tenga mejor distribución de renta, que haya más igualdad. Porque Brasil es un país que posee todo, la tierra es buena, no tenemos grandes catástrofes, pero hay muchos problemas económicos y mucha gente muriendo de hambre.

-¿Sería presidente de Brasil?

-No. La política no. Durante mi experiencia como ministro supe que la política no era para mí.

-Si Lula le ofrece un cargo, ¿lo aceptaría?

-Cuando Lula asumió, fui invitado para seguir como ministro de Deporte, pero como había generado tanta polémica vi que iba a ser difícil trabajar. Entonces, para qué. Prefiero trabajar desde acá.

-¿Qué piensa de Lula?

-Es un ejemplo para todos nosotros. Tiene una gran personalidad para manejar un país tan grande. Un ejemplo por dónde salió y hasta dónde llegó. Sin embargo, él tiene encima las leyes, los partidos, y a veces no puede hacer lo que quiere.

-¿Y de Maradona?

-He estado en los homenajes a Maradona en el estadio de Boca y en su primer programa de TV el año pasado. Nos firmamos las camisetas. Siempre he dicho que es un gran jugador. No tengo nada en su contra. Está siempre en mis oraciones y cada vez que pude procuré ayudarlo. La gente inventa cosas.

-En Cannes él dijo que usted no tiene dignidad moral para hablar de él…

-Por eso pido a Dios que lo proteja. No tengo que contestar a eso.

Se describe a sí mismo como una persona competitiva que odia perder, impaciente, maniática del orden y la limpieza e implacable con los horarios. Y siempre que habla de Pelé lo hace en tercera persona, como marcando la diferencia con Edson. En su interior bulle una lucha silenciosa entre el personaje y la persona, que él parece alimentar.

-¿No le gustaría, a veces, ser más Edson que Pelé?

-¿A veces? ¡Siempre! -ríe-. No, es broma… La base espiritual, religiosa y familiar es de Edson. Pelé vino después, pasó a ser más conocido y hoy nadie quiere saber nada de Edson. Edson es mortal. Pelé es un mito. No va a morir.

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