Es probable que la clase media se haya reducido como ocurre luego de todas las crisis. Sin embargo, no creo que se haya producido una disminución dramática porque la sociedad uruguaya se habría derrumbado en ese caso, sostuvo el doctor en sociología Marcelo Boado, docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. A continuación se publica un resumen de la entrevista concedida a ECONOMIA & MERCADO.
-Luego que, a principios de marzo, integrantes del equipo económico preguntaron públicamente "¿qué es clase media?" y señalaron como ejemplo a una persona que gana $ 40.000 mensuales, se ha suscitado un interesante debate al respecto. Si atendemos solamente a la percepción de ingresos, ¿coincide esa cifra con los resultados de las investigaciones que Ud. ha realizado junto al sociólogo Tabaré Fernández?
-No tendremos cifras actualizadas hasta el año próximo cuando finalicemos otro trabajo al respecto, pero es necesario entender que los ingresos reales de la población han crecido. Si eso ha sucedido en los sectores de menor poder adquisitivo como producto de los consejos de salarios, también debe haber ocurrido en la clase media. Sin embargo, no es bueno reparar sólo en los ingresos para definir la clase media. Justamente los técnicos mencionados en su pregunta aproximan el concepto de clase media a un esquema de capacidad contributiva, en el cual hay que ganar muy poco para no aportar. De todos modos, es factible que un hogar con ingresos de $ 40.000 por mes esté dentro del sector medio alto. No obstante ello, los criterios que se utilizan para medir la clase media también incluyen los atributos personales, es decir la actividad laboral de cada persona y la de los miembros de su hogar. En términos generales, la actividad de los integrantes de esta clase social no comprende al trabajo manual.
-Entonces, ¿qué factores se deben tener en cuenta para definir a los integrantes de la clase media?
-Los sociólogos le damos más relevancia a los conceptos que a la cuantía del ingreso para definir las clases sociales. El ingreso resulta el criterio menos claro para establecer las fronteras de clase. A vía de ejemplo, las diferencias entre un empresario y un obrero son sustantivas, pero lo que los diferencia entre sí y con sus clases vecinas puede no verse con claridad porque sus ingresos no siempre están tan alejados. Cabe la posibilidad de que un operario altamente especializado puede estar trabajando en alguna obra de gran porte, como la de Botnia, y recibir una remuneración igual o superior a los ingresos de algún empresario. Sin embargo, cada uno de ellos no dudaría en identificarse con su clase como tal si se les clasificara por su ocupación.
-¿Qué otros elementos permiten ubicar la pertenencia de una persona a la clase media?
-Lo permitiría el patrimonio si pudiéramos saberlo; los bienes durables si nos lo informan con detalle; la localización de las viviendas -ya que la mera propiedad no alcanza pues la casa propia en un "cantegril" no habilita al titular para obtener una cuenta corriente en un banco de plaza-, el tipo de activos bancarios, la categoría de las tarjetas de crédito, las características del consumo de bienes y servicios, las membresías a organizaciones y empresas, las profesiones que tienen una clientela cautiva (escribanos, médicos, arquitectos, despachantes de aduana, etc.). La combinación de estos aspectos, junto con los señalados antes, elabora un gradiente de situaciones que permiten diferenciar a la clase media de las otras clases sociales.
-La mayoría de los uruguayos, tanto los que poseen activos importantes como quienes tienen ingresos medianos, se autodefinen como integrantes de la clase media. Pero, ¿son todos "admitidos" como tales?
-En ese sentido, los bancos son "idóneos" en sociología. Suelen formular a sus clientes dos o tres preguntas, que ya están generalizadas en la plaza, para realizar el diagnóstico primario de los solicitantes de créditos. Les preguntan si cuentan con servicio doméstico permanente, si envían a los hijos a un colegio privado y si poseen tarjeta de crédito internacional. En base a ello, pueden categorizarlos con bastante facilidad y, por lo general, no son tantos los que acceden a los préstamos bancarios. La verdad es que la banca ha sido bastante ingrata con la clase media. Siempre ha tratado de prestarle a los sectores de ingresos medios altos y altos, pero muchas personas de estos estratos han mostrado que no son buenos pagadores, aunque no han sido los únicos con ese comportamiento, como lo atestigua el altísimo índice de morosidad del Banco Hipotecario.
-¿En qué medida una persona tiene asegurada su pertenencia a la clase media ?
-Como hoy señala el académico inglés John Goldthorpe -y ya lo sugería Juan Pablo Terra hace más de treinta años cuando estudiaba las clases sociales en Uruguay- hay sectores que con su ocupación y su acervo tienen un "horizonte de estabilidad" o un pronóstico de posibilidades. Claramente las clases más dependientes no lo tienen, su horizonte es más breve y el pronóstico más inestable. Quizás, por eso, el debate de la seguridad social o la inamovilidad del empleo es tan importante para las clases menos favorecidas.
-¿Podríamos decir que es hereditaria la membresía a la clase media?
-La estabilidad de buena parte de la clase media se viene sucediendo en la medida que sus integrantes heredan bienes inmuebles de sus padres e incluso de sus abuelos. No hay que olvidar que mucha gente adquiere propiedades inmuebles por herencia, dado que en Uruguay existe una legislación sucesoria muy especial. La ley le asegura a cada descendiente una cuota parte de los bienes de sus progenitores por ser los familiares, tanto en línea vertical como colateral, sucesores forzosos. Eso tiene un efecto estructural acumulado pese a que no se consulta ese dato en las encuestas de hogares.
Dimensión y rol
-La clase media ha sido un símbolo de identidad uruguaya. ¿Se ha reducido significativamente después de la crisis de 2002?
-Aunque no hemos hecho una actualización de nuestro trabajo, es probable que la clase media se haya reducido como ocurre luego de todas las crisis. Sin embargo, no creo que se haya producido una disminución dramática porque la sociedad uruguaya se habría derrumbado en ese caso. Aunque existe una diferencia importante de hasta dos o tres veces en el rango de los ingresos medios entre sus varias capas, algunos trabajos más recientes sitúan a la clase media, desde el punto de vista demográfico, en una cifra cercana al 50% de los hogares. Hay una clase alta que reúne al 7%-8% de la población y el resto corresponde a la clase trabajadora y sectores más empobrecidos. Por consiguiente, podemos afirmar que Uruguay sigue siendo un país de clase media.
-¿Qué rol desempeña la clase media uruguaya hoy día?
-Cumple el papel que le adjudicó la Cepal en sus orígenes, cuando señalaba la necesidad de contar con una gran clase media en la región para que los países no cayeran bajo regímenes despóticos. A lo largo del siglo XX, el desarrollo económico del Uruguay le ha dado la razón a aquellas teorías cepalinas algo vagas desde el punto de vista histórico-económico. No estoy seguro que los sucesivos gobiernos uruguayos hayan tenido claramente ese objetivo o hayan compartido esas ideas, pero los resultados de la historia le han dado la razón a los teóricos del desarrollo como Prebisch, Medina Echavarría, etc. A pesar de las contradicciones de su economía, Uruguay exhibe una desigualdad social no muy pronunciada con una diferenciación socio-ocupacional consolidada. Esos son elementos que hoy deben desear la mayoría de los gobiernos latinoamericanos, pero su logro les va a insumir muchos años.
Movilidad social
-El fenómeno de la emigración en Uruguay se caracteriza por atraer a un alto porcentaje de jóvenes de la clase media. ¿A que obedece esa tendencia?
-Los estudios sobre emigración destacan que los uruguayos somos propensos a abrirnos camino donde haya oportunidades, lo cual es un fenómeno secular. No emigran ni los más ricos ni los más pobres, sino la gente de clase media, en su mayoría con un buen nivel educativo, que tiene aspiraciones insatisfechas y que ve serios límites a su desarrollo profesional futuro en el país. Cuando ocurre un empobrecimiento generalizado de la población en otros países, se producen motines, revueltas, etc. En cambio, los uruguayos comienzan manifestando su descontento con paros y huelgas, pero finalmente reflexionan y asumen el riesgo de salir a buscar nuevos horizontes en el exterior.
Por otra parte, la movilidad tiene especial culto en Uruguay a diferencia del entorno regional. De lo contrario, los uruguayos no seríamos tan propensos a ser emigrantes. Como no se nos aplica el fenómeno del hambre o las guerras, entonces debe haber un contenido cultural aceptable respecto a la emigración. Describirlo puede tener matices históricos variables, pero no cabe duda que es sintomática su presencia y duración en nuestra cultura.
-Durante la mayor parte del siglo XX una persona nacida en un hogar obrero tenía buenas posibilidades de acceder a la clase media. ¿Es la movilidad social tan fluida hoy día?
-La movilidad social es, en buena medida, el resultado de la articulación del progresivo acceso de la población a la educación media y superior con la incorporación de grandes contingentes de ciudadanos a la administración pública durante la mayor parte del siglo pasado. En otras palabras, el empleo público ha permitido que los funcionarios pudieran continuar sus estudios, con lo cual muchos han logrado a través del Estado obtener un "voucher" para ingresar a la clase media. En la actualidad, el Estado uruguayo continúa dándole a los jóvenes oportunidades de ascenso social mediante los programas universitarios financiados con el Fondo de Solidaridad de la UdelaR, que otorga unas 4.500 becas anuales a estudiantes, en su mayoría provenientes de familias de bajos recursos del Interior. En resumen, la movilidad no se detiene en Uruguay por el empuje de su gente. Además, la clase media uruguaya tiene un gran poder de renovación por la válvula de escape que representa la emigración. Al dejar su puesto una persona que se traslada al exterior, es factible que otro individuo ascienda en la escala social.
-¿Qué posibilidades de ascenso social existen para quienes viven en asentamientos irregulares?
-El Estado está tratando de llegar a un conjunto de la población muy complejo, al que nunca había logrado integrar. Es posible que la integración social de los habitantes de los asentamientos tenga un costo marginal mayor, históricamente hablando, que otras las políticas sociales del Estado en el pasado. Justamente porque nunca se logró llegar antes. Quizás la estabilidad que proporciona un empleo público produzca en algunos de sus integrantes los efectos que se vieron en otras épocas, pero también es necesario que se gane a sus hijos en el combate a la marginalidad. Es una deuda de la nación.
-¿Son similares las dificultades de movilidad social para alguien nacido en un hogar pobre del medio rural?
-En la época del "Uruguay feliz", la población no era homogénea, sino muy estratificada. Había entonces un buen nivel de vida urbana, pero la gente de la campaña vivía hacinada en rancheríos al borde de las estancias y los empleos eran muy escasos y peor remunerados. Los pobres abandonaron masivamente el medio rural en el transcurso del siglo pasado porque el campo le era ajeno. Por suerte, el nivel de vida de las pequeñas localidades que aún quedan ha mejorado gracias a la tarea cumplida por el Movimiento de Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural (Mevir) y al apoyo de las intendencias departamentales.
-¿Cómo puede acceder la gente pobre del Interior a la clase media?
-El empleo público, bien o mal habido, ha sido la variable de ajuste que permite funcionar desde el punto de vista económico y administrativo a la mayoría de los departamentos del Interior. Esa realidad se explica por las escasas oportunidades de trabajo en la actividad agropecuaria. Por eso, el empleo público ha sido tradicionalmente importante en el Interior, y en algunos casos lo fue en porcentajes mayores que en la capital. Basta sumar los municipales, los funcionarios de la administración central y de las empresas públicas, los policías, los soldados y los docentes de la educación pública.
Una fuerte presencia estatal inevitablemente genera inflación
-¿En qué medida el Estado benefactor, que creció con el batllismo, generó una importante clase media en Uruguay?
-Aquí no existió un Estado benefactor ni nos acercamos al concepto de "welfare state" como se lo conoció en Europa. Sí hubo políticas de bienestar -como, por ejemplo, la de la educación, el tendencial desarrollo de las jubilaciones- y se realizaron pactos sectoriales de algunas empresas públicas con ciertos sectores productivos o laborales, que en su momento contribuyeron a redistribuir la riqueza. Pero eso no extendió la "ciudadanía social"a todos los uruguayos. Habríamos tenido un Estado benefactor si se hubieran aprobado salvaguardas constitucionales e instituciones como en Europa, que nunca se concretaron porque aquí las reformas constitucionales siempre fueron predominantemente "políticas". De haber votado reformas educativas, o sanitarias, o tributarias, o creando instituciones jurídicas acordes al estilo de los países con "welfare state", que extendieron muchos derechos a todos los habitantes de esos países, probablemente no emigrarían tantos compatriotas, ni habría tanta oposición a reconocerles el derecho a votar desde el extranjero.
No obstante, el desarrollo del Estado uruguayo en el siglo XX, que creó un número muy grande de funcionarios, contribuyó a la consolidación y estabilidad de la clase media. Sin duda, las cifras de empleados públicos fueron enormes en comparación con las de siglo XIX, cuando prácticamente sólo había soldados y jueces. Eso fue algo positivo, pese a que el conservadurismo uruguayo lo ha visto como un aspecto negativo.
-¿No ha sido muy costosa la creación de esa clase media basada en una plantilla estatal sobredimensionada?
-Sí. Está claramente demostrado que una fuerte presencia estatal tiende a generar empleo estable, lo cual se traduce inevitablemente en mayores costos presupuestales con efectos inflacionarios. Pero, en Uruguay, el funcionariado no ha sido proporcionalmente más grande en otros países de América Latina y del resto del mundo, incluyendo a Estados Unidos, porque la participación del Estado en la economía es una etapa normal para el desarrollo del capitalismo. En Argentina, por ejemplo, llegaron a funcionar fábricas de caramelos de propiedad estatal, en Brasil plantas de repuestos, y en México industrias de alimentos. La lista es enorme. En Uruguay, en cambio, sólo existen servicios públicos del Estado y unas poquísimas industrias no estratégicas que operan bajo un régimen paraestatal. La principal diferencia radica en que nuestro país tiene la ventaja de que siempre ha redistribuido, lo cual le ha permitido crecer más que otros países de la región.
Falta de espíritu emprendedor no es exclusiva de la clase media
-¿Se ha reducido la clase media uruguaya como consecuencia de que el Estado ha dejado de ser "el gran salvador" con sus políticas de empleo?
-El Estado uruguayo no ha dejado de ser el "gran salvador" a pesar de que la clase media uruguaya de base estatal sufrió una caída de sus ingresos reales en los últimos treinta años. Como el país se fue endeudado cada vez más, hoy el Estado puede atender menos en materia de empleos; pero no ha dejado de hacer lo que hizo tradicionalmente con sus transferencias a determinados sectores mediante políticas cambiarias, exoneraciones y reintegros, preocupándole más salvar a un banco que a un CAIF. Tal vez esa postergación salarial del empleo público ha tenido sus consecuencias en las lealtades electorales.
-¿Ha sido ese "Estado salvador" la causa de que nuestra clase media se caracterice por su falta de espíritu emprendedor?
-Como hay varios estratos o capas en la clase media, resulta difícil afirmar que es homogéneamente no emprendedora. Además, si observamos la evolución de la economía uruguaya de las últimas décadas, la falta de ese espíritu también se advierte en otras clases. Aspirar a la renta diferencial que generan los commodities sin reinvertir, como mostraron algunos sectores durante décadas, no es ser emprendedor. Por otra parte, buena parte de los integrantes de la clase media se desempeña en tareas de oficina que se caracterizan por ser burocráticas, rutinarias y predecibles en cuanto a la carrera administrativa, donde el peso de la antigüedad más que la capacidad genera una inercia. Por lo tanto, esa gente es de por sí poco creativa e innovadora porque, de lo contrario, no buscaría un empleo de esa naturaleza.
-¿Cómo se explica que la gran aspiración de decenas de miles de jóvenes de la clase media uruguaya sea convertirse en empleado público con inamovilidad?
-Seguramente, esa opción se fundamenta en que el sector privado no da mejores empleos. Hoy los empleos públicos, como quedó demostrado en nuestro trabajo con mi colega Tabaré Fernández titulado "La alegría va por barrios", son más un recurso que resiste la erosión del ingreso del hogar en una crisis económica, que un activo o una aspiración. Cuando hay grandes chances de perder el empleo, las probabilidades de que un hogar caiga por debajo de la línea de pobreza son mucho menores si hay un empleado público o un jubilado en la familia. Por lo tanto, esa experiencia hace revalorar el empleo público. No creo que haya empleos que sean antológicamente buenos ni malos. Hay que ver cómo funciona la economía del país. Si todo estuviera tan bien como se cuenta, no habría 400.000 emigrantes.
FICHA TÉCNICA
Marcelo Boado, uruguayo, 46 años, se doctoró en sociología en el Instituto Universitario de Pesquisas de Río de Janeiro (Iuperj) de la Universidad Cándido Mendes (Brasil). Actualmente es profesor agregado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Uni- versidad de la República y con- sultor privado. Entre sus obras, se destacan "La deserción universitaria en Uruguay", Unesco (2006) y "Movilidad Social en Uruguay" Iuperj (2008, en prensa).