Lunes 28.04.2008, 20:14 hs. | Montevideo, Uruguay
 
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JUSTICIA | La lentitud de sus fallos alcanza límites extremos y cuando salen son, en muchos casos, técnica y jurídicamente deficientes
Énfasis en igualar achata y empobrece a los sistemas judicial y educativo
Hoy los estudiantes aprueban sus cursos sin mayores exigencias y los magistrados ascienden básicamente por antigüedad funcional

Si bien se podría decir que, por todo lo que hacen, los jueces y los docentes están relativamente mal pagos, sus pares en otras partes del mundo, que tampoco ganan bien, dispensan justicia y enseñan con un alto nivel de calidad, tal como ocurrió en Uruguay durante mucho tiempo, afirmó el Dr. Ignacio de Posadas. En diálogo con ECONOMIA & MERCADO, el ex ministro de Economía y Finanzas y abogado de extensa y reconocida trayectoria, analizó el grado de apertura comercial, el nivel de calidad del sistema judicial y las eventuales reformas en la educación, entre otros temas. A continuación se publica un resumen de la entrevista.

-¿Qué efectos puede tener la actual volatilidad de los mercados financieros internacionales en la economía uruguaya y, en particular, en las futuras inversiones en el país?

-La volatilidad en los mercados internacionales es una manifestación de lo que está sucediendo sobre todo en Estados Unidos. Hay un grado de incertidumbre financiera muy grande que provoca una restricción del crédito, lo que a su vez genera una reducción significativa del consumo no sólo en el mercado estadounidense, sino también un empobrecimiento de cientos de millones de personas que día tras día comprueban cómo las cotizaciones de sus activos caen progresivamente en las bolsas de valores. Esa situación seguramente va a repercutir en Uruguay, aunque no estoy en condiciones de medir ese impacto, no sólo en nuestras exportaciones a Estados Unidos, sino que afectará a otros países que también le venden a ese mercado. Como sus economías se van a resentir, esos países van a reducir sus compras en el exterior, incluyendo las que habitualmente nos efectúan.

-¿Es factible que la recesión de la economía norteamericana se extienda hacia el sur?

-Dudo que se convierta en una crisis en nuestro país. Sin embargo, es un factor que va a jugar negativamente en el movimiento de las exportaciones uruguayas y en el financiamiento de proyectos de inversión. Otro factor preocupante son las declaraciones recientes de ministros de la OCDE referidas a la alarma que les producen los altos niveles de precios de las materias primas. Los pedidos para que se tomen acciones concertadas para incidir a la baja en los mercados de commodities no son manifestaciones muy tranquilizadoras para nosotros.

Economía uruguaya

-¿En qué medida está preparada la economía uruguaya para enfrentar una recesión de la economía norteamericana?

-Hay algunos factores favorables como el perfil de la deuda externa pública. Otros aspectos no son tan auspiciosos porque el gobierno del Frente Amplio ha seguido políticas procíclicas, con lo cual los futuros aterrizajes pueden ser muy dolorosos. Sin embargo, no vislumbro una crisis local, aunque sí es predecible una desaceleración de la actividad económica. Es lamentable que, cuando el viento empiece a soplar en contra, las autoridades van a darse cuenta que los viejos problemas de la economía uruguaya permanecen intactos y sin duda van a volver a pesar negativamente.

-¿Qué similitudes halla entre la situación actual y la historia relativamente reciente, sobre todo en cuanto a la expansión del gasto público en línea con el crecimiento del PIB?

-En un libro de memorias de Alan Greenspan titulado "La era de la turbulencia", que se publicó el año pasado, se citan algunas palabras de Gordon Brown, que fue ministro de Economía del Reino Unido (1997-2007) y hoy es primer ministro de ese país. Llama la atención que un socialista dijera que los británicos debían prepararse para el mundo globalizado, manteniendo los niveles más altos de competencia, la mayor apertura comercial, el mínimo de proteccionismo y la mayor flexibilidad en materia laboral. En cambio, Uruguay ha hecho muy poco para anticiparse a ese mundo que ya vislumbraba el político británico.

-¿Le preocupa la aprobación del proyecto de Ley de Rendición de Cuentas?

-Ese proyecto de ley va a ser aprobado en un contexto de hechos o, por lo menos de dichos, alarmantes. Desde comienzos del actual período de gobierno hasta mediados del año pasado, el ministro de Economía y Finanzas venía manteniendo una posición muy firme -como tiene que ser la del titular de esa cartera- en materia de control del gasto del Estado. En los últimos meses, sin embargo, está dando señales de otro tipo, que son más de política electoral que de política de gobierno, al utilizar algunos eufemismos como "ahora hay espacios fiscales que se podrán llenar", es decir que hay plata para gastar. Ante esos anuncios, buena parte del Uruguay corporativo ha salido a la calle a presionar al gobierno demandando mayores recursos, lo cual no deja de ser preocupante.

Apertura comercial

-El mayor nivel de la globalización, los avances en materia tecnológica y la irrupción de China e India como competidores agresivos han determinado un cambio sustancial en el comercio mundial, las ventajas comparativas y la localización de inversiones ¿Cómo debería actuar nuestro país para obtener beneficios en este contexto?

-La globalización significa que hay millones de agentes económicos que disponen de la información y la capacidad de decidir dónde compran, dónde invierten y hasta dónde viven. Al mismo tiempo, hay cientos de agentes económicos que producen y ofrecen los mismos productos que Uruguay. Si nosotros no tenemos un mayor grado de flexibilidad, de competitividad, de apertura comercial y de certeza jurídica, esa gente va a comprar en otros mercados, va a invertir en otros países y los propios uruguayos se van a ir a vivir a otra parte.

-El crecimiento económico de Uruguay está directamente vinculado a la captación de inversiones productivas y para ello los mercados externos son una necesidad imprescindible ¿Tiene sentido no negociar tratados de libre comercio con países desarrollados o con economías emergentes por ser socios del Mercosur?

-Ese es uno de los grandes dilemas que nuestro país tiene por delante. La idea original de Uruguay al ingresar al Mercosur consistía en no quedar fuera de un acuerdo argentino-brasileño que era muy peligroso para nuestros intereses. Se apuntó a influir, argumentar y pesar al máximo posible para que esa unión aduanera no fuese una fortaleza cerrada, sino un núcleo abierto que nos permitiera continuar un proceso de apertura comercial que había empezado durante la primera presidencia del Dr. Sanguinetti y se había acelerado mucho en el gobierno del Dr. Lacalle. Era una etapa en un camino de apertura porque, en el mundo globalizado, es imposible quedar cerrado. De lo contrario, ese mundo lo deja a uno de lado. Desgraciadamente, ese proyecto no plasmó ya que el Mercosur se empantanó y hoy no funciona; pero no es imaginable que Uruguay pueda salir de esa supuesta unión aduanera gratuitamente.

-¿Es factible salir del bloque?

-Eso significaría para el país un grado de sacrificio que no creo que la población esté dispuesta a asumir. En cambio, aún dentro del Mercosur, Uruguay tiene que inventar todos los caminos posibles tendientes a flexibilizar el corsé que le impone el Tratado de Asunción para firmar acuerdos extrarregionales. Lo hizo exitosamente con México, pero perdió la chance con Estados Unidos. No obstante, se debe proseguir en esa línea, sin estridencias. La diplomacia consiste muchas veces en hacer lo que no se dice y en no decir lo que se va a hacer. Un país con las dimensiones de Uruguay no puede andar a golpes de declaraciones, tiene que transitar los caminos calladamente, aunque no le resulte fácil.

-En una reciente entrevista en el programa Dosmiltreinta que emite radio El Espectador, el ministro Danilo Astori expresó que Uruguay tiene hoy una apertura comercial increíblemente distinta a la de hace tres años, exhibiendo un 70% de coeficiente de apertura como nunca tuvo el país. ¿Qué opina al respecto?

-Es cierto lo que afirma el ministro. Hay un alto grado de diversificación de mercados y, en menor medida, de productos. Pero lo interesante es preguntarse cuáles han sido las causas de esa tendencia. De lo contrario, queda subyacente que eso ha sido un éxito de las políticas de la actual administración. En realidad, lo que ha sucedido tiene dos grandes explicaciones. Una es el proceso de desregulación del comercio que experimentó el sector agropecuario durante el gobierno del Partido Nacional, lo que ha generado un aumento de la oferta exportable y una diversificación del comercio. La otra razón es haber logrado el estatus de libre de aftosa con vacunación para la carne uruguaya que se logró en el último año de la presidencia del Dr. Lacalle, lo que nos ha permitido acceder al mercado cárnico de Estados Unidos y, más tarde a México.

Un factor adicional que incide en esa diversificación es la coyuntura mundial. Actualmente, hay una gran cantidad de países que están accediendo a mejores niveles de consumo y, lógicamente demandan productos más caros como son, por ejemplo, las carnes uruguayas.

-Si bien se habla de una mayor diversificación de las ventas al exterior, ¿por qué continúan las exportaciones uruguayas concentradas en tres o cuatro commodities tradicionales ?

-Eso es inevitable y corresponde a las ventajas comparativas de nuestro país. Si tomáramos el caso de Chile, no podemos criticar su política comercial porque sigue siendo un exportador de cobre. Es lógico que así sea dada la riqueza mineral de su subsuelo, pero también ha sabido desarrollar corrientes exportadoras de diversos productos no tradicionales pese a que no llegan a alcanzar el volumen de las ventas del cobre. En Uruguay sucede lo mismo con la carne, los cueros y otros commodities agrícolas. Pero, a la vez, hay otros rubros que están gravitando significativamente en las exportaciones. Es el caso de los servicios, cuyos ingresos resultan muchas veces difícil recoger en las cuentas nacionales. Por supuesto, sería mejor que el grado de diversificación fuera más amplio, pero eso no se consigue a golpes de voluntad. No es volviendo a implantar regímenes de subsidios, de protección a la industria, etc. que se va a lograr una oferta más diversificada de productos exportables. Ya vimos que eso no funciona. Las fórmulas son bastante más simples como, por ejemplo, dar certeza jurídica y crear un ambiente para los negocios que no esté cargado de regulaciones y de costos asociados. Cuando Uruguay llegue a esa situación, tendrá un gran incremento no sólo en el monto de sus exportaciones, sino también alcanzará una diversificación de productos y servicios, así como de mercados.

ANEP exige que le voten más fondos, pero no informa qué resultados obtiene

-¿Hasta qué punto se pueden exigir mejores resultados a los docentes que deben recurrir al pluriempleo por tener salarios que apenas cubren una cuarta parte de la canasta familiar?

-Si bien es cierto que las remuneraciones no son buenas, situación que siempre existió, me atrevo a decir que los resultados no mejorarán sostenidamente con un presupuesto para la educación equivalente al 4,5% del PIB. Además, es falso que sólo aumentando los salarios docentes se va a mejorar la calidad de la enseñanza, porque el sistema educativo uruguayo recibe hoy mucho más de lo que se le asignaba hace dos décadas y, probablemente, esté peor. Actualmente, la palabra "excelencia" ha desaparecido del vocabulario educativo local. Si se escuchan las declaraciones de los integrantes del Codicen, de las gremiales de maestros y profesores, no existe la excelencia: ni como meta educativa, ni como ambición del docente. El sistema tal como está diseñado conspira contra ese ideal porque su objetivo es nivelar hacia abajo y desestimular al que sobresale.

-¿Cómo se mejoraría la calidad de la enseñanza en el ámbito de la educación primaria y secundaria?

-En la actualidad, no hay ningún estímulo para mejorar la calidad de la enseñanza. Una de las medidas que habría que adoptar en forma inmediata y que no requiere de grandes inversiones es hacer públicos los resultados de los pasajes de grado de los estudiantes. El sistema educativo exige que le voten más fondos, pero no sólo no rinde cuentas de los fondos que recibe, sino que no informa cómo se emplea ese dinero, ni qué resultados se obtienen. Por lo tanto, no se pueden hacer comparaciones con otros países y otras épocas.

-¿Por dónde debería comenzar una reforma del sistema de educación?

-Un uso más eficiente de los recursos del Estado sería becar a un número considerable de alumnos de hogares de bajos ingresos en colegios privados que imparten una enseñanza basada en sistemas de otros países, cuyos niveles de aprendizaje son muy superiores a los de nuestra educación pública. La sociedad va a lograr mejores retornos que seguir tirando sus recursos a un barril sin fondo que alimenta a una caja negra de donde nadie sabe qué resultados se obtienen.

-¿Es partidario de darle mayores atribuciones en materia educativa al Ministerio de Educación y Cultura?

-Nuestro país ha perdido una de sus mejores características que era el alto nivel cultural de su población. La autonomía de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) ha dado muy malos resultados. Quizás el razonamiento original era que le permitía librarse de los avatares políticos, pero no hay arbitrariedades de las que hoy no se sepa y se hagan eco los medios periodísticos y, además, existen mecanismos democráticos de protección del sistema. En cambio, la autonomía produce una especie de baronías feudales que no rinden cuentas de sus decisiones. Los integrantes del Codicen, que son designados por un período de cinco años, tienen la competencia de imaginar qué van a necesitar los educandos uruguayos dentro de cuarenta o cincuenta años. Nadie tiene, y menos hoy día, esa información. Hay que permitir el funcionamiento de distintas opciones y ver qué resultados producen. Es mucho menos malo un sistema en el que el jerarca, o sea el ministro de Educación, tiene que rendirle cuentas al Parlamento.

-¿Cuáles son sus expectativas respecto a la evolución del sistema de educación en nuestro país?

-Tengo un gran temor de que los proyectos de reforma de la educación, de los cuales se ha venido hablando largo y tendido en los últimos tiempos, terminen siendo una lápida para la decaída enseñanza en Uruguay, donde tanto pesa el corporativismo. La integración del Codicen con representantes corporativos tiende hacia el cogobierno, como si ese sistema hubiese sido exitoso a nivel de la Universidad de la República.

Discurso de muchos integrantes del gobierno menoscaba el estado de derecho

-Vista la reciente controversia entre algunos políticos oficialistas y la resolución de la Suprema Corte de Justicia respecto a la inconstitucionalidad del IRPF, ¿cree que se respeta el estado de derecho en nuestro país?

-No hay una pérdida total del estado de derecho, pero se puede decir que existe un deterioro en el respeto por las normas jurídicas, que no empezó con el actual gobierno. Ciertas materias definitivamente violatorias del régimen jurídico -como, por ejemplo, las eternas refinanciaciones de las deudas de los productores, industriales, etc.- fueron aprobadas por distintas legislaturas. Si bien la izquierda las "manijeaba", no estaba sola en esa tarea. Pero ahora se han sumado otras aberraciones en esta administración. Por un lado, se aprobaron normas laborales que permiten las ocupaciones de los lugares de trabajo; regímenes que afectan el derecho de propiedad de la tierra agrícola que, en algunos casos, se han implantado por un decreto y, luego, otro los ha modificado; reglamentaciones de la IMM para los "carritos" de los hurgadores de basura que violan todo tipo de normas: laborales, seguridad en el tránsito, higiene, etc. A eso se suma el discurso de muchos integrantes de este gobierno, como es el caso de los recientes ataques verbales a los integrantes de la Suprema Corte, lo que también menoscaba el estado de derecho.

-En un estudio del Banco Mundial publicado a mediados de 2007 se señala que uno de los factores que más afectan la radicación de inversiones productivas en Uruguay tiene relación con la lentitud en la administración de justicia. ¿A qué obedecen las demoras de tres o cuatro años de los juicios?

-Adam Smith dice en "La riqueza de las naciones" que la fórmula para elevar un estado de la más abyecta barbarie a los niveles más elevados de opulencia es tener paz, bajos impuestos y una buena administración de la justicia y todo lo demás se va a dar en el curso de los acontecimientos. En Uruguay, los mayores y crecientes problemas de la Justicia se manifiestan, por un lado, en su lentitud, que es un defecto común en todo el mundo, pero que aquí alcanza límites extremos; por otro lado -es muy doloroso decirlo- en su bajo nivel de calidad. No sólo los fallos demoran mucho, sino que cuando salen son, en muchos casos, técnica y jurídicamente deficientes. No es esta un apreciación sólo mía, sino que se la he escuchado a varios ministros de la Corte.

-¿A qué atribuye esa situación?

-La explicación simplista que suele darse en nuestro país, tanto para el caso de la administración de justicia como también para la educación, es que no puede exigirse más dadas las retribuciones que se pagan. Esa respuesta no es de recibo porque quienes se dedican a la magistratura o la enseñanza no tienen los mejores ingresos en ningún país. Si bien se podría decir que, por todo lo que hacen, están relativamente mal pagos, en otras partes del mundo, los jueces y los docentes que tampoco ganan bien dispensan justicia y enseñan con un alto nivel de calidad, tal como por otra parte, ocurrió en Uruguay durante mucho tiempo.

-¿Qué otros factores ayudan a explicar por qué hoy se están dando esos malos resultados en la educación y la justicia?

-Por un lado, hay una fuerte caída en la calidad de la enseñanza en Uruguay como ya lo dijo el Dr. Juan Pablo Cajarville, que tiene muchas más credenciales que yo para afirmarlo, en una carta abierta que es un espejo horroroso en el que nuestro país tiene que mirarse. Por eso, quienes ingresan a la carrera judicial llegan con bajos niveles de capacitación. Por otro lado, persiste el énfasis uruguayo de igualar, con lo cual no se diferencia a los buenos de los no buenos, ni se premia a los más capaces, ni se castiga a los incapaces. En definitiva, se permite que los estudiantes aprueben sus cursos sin mayores exigencias año tras año y que los magistrados asciendan en el escalafón básicamente por antigüedad. De ese modo, se achata y empobrece todo el sistema.



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Foto: El País. 
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