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Crisis: sólo queda saber cuándo

ROBERTO CACHANOSKY | DESDE BUENOS AIRES

La economía argentina ha entrado en una conflictividad creciente donde el tema del campo sólo ha sido un detonante de algo que estaba funcionando mal. Cualquier otro factor podría haber desatado los problemas de fondo que el común de la gente no veía porque estaba encandilada comprando televisores plasma, cambiando el auto o comprando un nuevo teléfono celular. En ese contexto el ex presidente en funciones (como certeramente lo denominó a Néstor Kirchner el periodista Nelson Castro) podía lanzar sus constantes diatribas desde el atril. Pero de golpe, en menos de cien días de gobierno, la presidente Cristina Fernández de Kirchner cometió tanto errores juntos que los argentinos advirtieron que el rey está desnudo.

Las expectativas inflacionarias de la gente se encuentran en el 32,8% anual de acuerdo con la encuesta que realiza la Universidad Torcuato Di Tella. La falta de combustible es un hecho cotidiano. La crisis energética está presente y, en las últimas semanas, se observan retiros de fondos de los bancos. Nuevamente la pregunta que me formula mucha gente no especializada en economía es: ¿puede haber otro corralito?, ¿puede haber otra confiscación de depósitos? Hoy los bancos tienen su mayor demanda en las cajas de seguridad.

Hay dos datos relevantes a tener en cuenta a la hora de formular un pronóstico sobre la economía argentina. En primer lugar, los argentinos hemos pasado por períodos de altísima inflación e hiperinflación en 1989. Esta situación hace que el ciudadano medio esté muy entrenado a la hora de defender sus ingresos. Sabe que, ante la inflación creciente, tiene que anticipar compras antes que los precios vuelvan a subir. Esto es lo que los economistas denominamos huída del dinero. La gente ofrece pesos y demanda bienes para protegerse de la inflación (mercaderías, dólares o euros). Esta huída del dinero genera una aceleración de la tasa de inflación dado que los precios suben más que la expansión monetaria.

En segundo lugar, en los últimos treinta años, Argentina ha vivido recurrentes crisis económicas. En 1975 tuvimos el famoso "Rodrigazo" que no fue otra cosa que un reacomodamiento de los distorsionados precios relativos que había dejado José Ber Gelbard, primer ministro de Economía de Perón que con sus controles de precios y ley de abastecimiento acumuló presiones inflacionarias que estallaron en el mencionado año. En 1981 tuvimos otra gran crisis inflacionaria cuando llegó a su fin la famoso tablita cambiaria de Martínez de Hoz. Nuevamente, aumento del dólar, servicios públicos, inflación, etc. En 1985 se produjo otra crisis que derivó en el llamado Plan Austral con cambio de moneda, aumento de las tarifas de los servicios públicos, suba del tipo de cambio y demás medidas. En 1989 estalló la hiperinflación. En 1995 importamos otra crisis que fue la del tequila cuando México tuvo problemas para pagar su deuda. Y, finalmente, en 2001-2002 tuvimos la crisis económica que condujo, en lo político, a la caída de De la Rúa, y en lo económico a la confiscación de los depósitos, el corralito, la devaluación y el default. La gente está entrenada y sabe cómo terminan estos planes artificiales.

Kirchner centró toda su política económica en el control de la caja para dominar a gobernadores e intendentes. Esto es, concentra la recaudación de impuestos en manos del Estado Federal para obligar a los gobernadores e intendentes a recurrir disciplinadamente al gobierno central en busca de fondos para hacer frente a los gastos provinciales y municipales. El gran interrogante que se presenta de ahora en más es si este mecanismo seguirá funcionando. Es que gobernadores e intendentes necesitan del dinero del gobierno nacional y, por lo tanto, no pueden enfrentarlo porque se quedan sin recursos. Pero, al mismo tiempo, la crisis del campo ha hecho que las poblaciones del interior, ante el impuestazo al campo, le reclamen a sus gobernadores e intendentes el apoyo frente al gobierno central. Si los gobernadores e intendentes enfrentan a Kirchner verán que se cierran las puertas del gobierno central para acceder a la caja. Si no lo enfrentan, tendrán conflictos con sus electores en las provincias y difícilmente vuelvan a ganar otra elección. No es un dato menor que en ciudades del interior donde ganó Cristina Kirchner en las elecciones de octubre pasado, se hayan producido los piquetes más duros del sector agropecuario. Cristina Fernández de Kirchner perdió las elecciones en los grandes centros urbanos como Capital Federal, Rosario, Córdoba, etc., y logró compensar esa pérdida de votos en las zonas rurales, las que ahora se han vuelto en contra del gobierno por las retenciones a la soja. En provincias como Entre Ríos, Chaco, Santiago del Estero y Tucumán, donde ganó el oficialismo, hubo piquetes ruralistas muy duros. En la provincia de Buenos Aires y en ciudades como Junín, San Pedro, Tres Arroyos o Lincoln, donde también había ganado CKF, están que arden.

¿Qué implicancias puede tener esto para la economía? En primer lugar, la actividad económica en el interior del país empieza a caerse porque los productores dejaron de comprar maquinaria agrícola, no cambian la camioneta ni invierten en mejoras en el campo. Paralelamente, la inflación que se acelera hace caer el salario real, con lo cual en poco tiempo más también bajará el consumo en los centros urbanos.

Lo que tenemos por delante es un proceso de inflación con estancamiento económico del cual solo puede salirse bajo dos condiciones: a) fuerte cambio en los precios relativos y b) dejar de subordinar toda la economía a la caja que necesita el gobierno.

El problema es que el cambio de precios relativos que hay que hacer es muy grande. Por ejemplo, el gas oil, que está faltando, hay que importarlo. Su costo de importación sin impuestos es de $ 2,50 por litro y el gobierno pretende que se venda en el mercado interno a $ 1 por litro sin impuestos. ¿Quién está dispuesto a hacer este negocio?

El 90% del transporte de carga se hace por camiones que funcionan a gas oil. Y el transporte público de pasajeros (colectivos) funciona a gas oil. Este solo dato da una idea de la magnitud del ajuste que viene y que hoy sólo puede postergarse con subsidios crecientes.

Como puede verse en el cuadro que acompaña esta nota, en el 2007 los subsidios a la energía eléctrica se duplicaron para mantener artificialmente bajas las tarifas, al igual que los subsidios al transporte público de pasajeros que aumentaron el 125%.

Con el poder político disminuido, ¿está el gobierno en condiciones de llevar a cabo un cambio de precios relativos tan grande?

Por último, aún llevando a cabo estos cambios de precios relativos, ¿entendieron los Kirchner que lo que hace crecer a un país son las inversiones? Y si lo entendieron, ¿sabrán que las inversiones son hijas de la seguridad jurídica?

Por sus discursos y sus acciones parecen no haber entendido ninguna de estas dos condiciones del crecimiento y estabilidad, por lo tanto, la única pregunta que queda es: ¿cuándo se produce la crisis?



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