JAVIER DE HAEDO
El contexto externo, tarde o temprano, pero siempre en el futuro previsible y relativamente dentro del corto plazo, habrá de cambiar. Ese día el dólar tenderá a fortalecerse a nivel mundial, en particular frente al euro y de la mano de éste, frente al real. También subirán las tasas de interés en dólares como consecuencia de los riesgos de mayor inflación y seguramente se moderará la tasa de crecimiento económico mundial. Es posible que como consecuencia del sostenido aumento de los precios mundiales de los alimentos haya tendencias (siempre latentes en la naturaleza humana) hacia un neo proteccionismo. Y, con el aumento de las tasas de interés y el fortalecimiento del dólar, previsiblemente las materias primas, vedettes de los últimos cinco años, perderán parte de la ganancia que han tenido, la parte que se debe a aspectos de tipo financiero, ya que los reales no habrán de cambiar y las habrán de mantener en un nivel de todos modos muy elevado en términos históricos.
En nuestra región, veremos un Brasil al que el cambio de escenario internacional encontrará más sólido que nunca antes y que no tendrá problemas en admitir un dólar algo más caro ya que ello casi no tiene consecuencias internas (inflación, solvencia, deuda pública, distribución del ingreso). Mientras tanto, el nuevo contexto mundial podrá ser el detonante de la próxima crisis en Argentina, una crisis que será diferente a las que hemos conocido, posiblemente sin hiperinflación pero con serias consecuencias distributivas. Pero sí con bastante inflación, de modo que sea más fácil el tránsito hacia una estructura de precios relativos más en línea con la del mundo.
Desde el punto de vista de Uruguay, se enfrentará un mundo tendiendo a abaratarse en dólares, con tasas más altas, menores precios de exportación y menos crecimiento. Un Brasil estable y algo más barato en dólares. Una Argentina complicada pero frente a la cual estamos considerablemente menos vulnerables que en el pasado. La situación es más desahogada que en 2001, en vísperas de la crisis: en exportaciones de bienes, pasamos de exportarle el 15% del total, al 10% en 2007; en turismo, las exportaciones a Argentina pasaron de 66% a 42% entre esos dos años; y los depósitos de no residentes, que a fin de 2001 eran el 46% del total, al cierre del año pasado representaban sólo el 20%. En cambio, han crecido considerablemente desde entonces las inversiones "reales y productivas" de argentinos en nuestro país, gracias a la generosidad para con nosotros de la política económica del matrimonio K, que se ha dedicado a desmotivar en su país la producción de los bienes que el mundo quiere comprar y paga como nunca, dejándonos mercados y exportándonos productores. De todos modos, nadie puede imaginar que una crisis en Argentina nos resulte inocua.
El tema clave ante esa situación es cuándo se producirá el cambio de escenario, pero hay pocas dudas acerca de que ello habrá de ocurrir de aquí al año próximo. Y si ello habrá de ocurrir, lo que debería hacerse es actuar desde ya con un comportamiento preventivo. Dicen los médicos que más vale prevenir que curar, y no por casualidad ese concepto es uno de los fundamentos del nuevo sistema de salud, que ha puesto énfasis en las políticas preventivas, ciertamente más económicas que las curativas.
Sin embargo, no creo que ello ocurra. Esta columna no es normativa sino positiva. No escribo lo que me gustaría que ocurriera sino lo que creo que ocurrirá. De aquí al año próximo las cartas ya están echadas. Sería deseable que desde ya se adoptaran medidas preventivas ante el previsible cambio de contexto externo pero eso no ocurrirá. De aquí al 2009 tendremos más de lo mismo y en vez de tenderse a la corrección de los problemas que se están gestando, se tenderá a agravarlos. ¿En qué consisten esos problemas? El cambio de escenario nos encontrará caros en dólares en un mundo tendiendo a abaratarse. Y nos encontrará con la mochila del costo de producir en el país, más pesada de lo razonable, con el gasto público volando.
Es evidente que ante una situación así habrá que proceder a efectuar ajustes en la política económica. Tres son las preguntas relevantes en este sentido: cuándo, cuánto y cómo ajustar.
Sobre el cuándo, creo haberla respondido: lo más probable es que el ajuste se difiera hasta el 2010. Temo que 2009 se termine pareciendo a 1999: un año electoral en el que sube mucho el gasto y en el cual se da un cambio de escenario externo, hacia uno más adverso, que se soslaya.
¿Cuánto ajustar? La respuesta depende por un lado, de la magnitud de la inconsistencia de las políticas internas, y por otro, de los márgenes que nos dé el resto del mundo. En lo interno, cuanto más suba el gasto público, más flexible se sea en las próximas negociaciones salariales y más solitaria se mantenga a la política monetaria-cambiaria en la lucha contra la inflación, mayor será el ajuste a realizar. Más pesada será en ese caso la mochila referida y mayor será la pérdida de competitividad (el tipo de cambio real extra regional ya está 18% por debajo del promedio histórico). En lo externo, la variable clave es el nivel de los precios internacionales relevantes, en términos de dólares, en el que aún tienen importancia nuestros vecinos. Nuestro PIB real sube y baja junto con el nivel de precios en dólares del resto del mundo relevante para nuestro país. Si la deflación internacional en dólares es moderada, el mundo nos habrá de seguir ayudando y nos permitirá ajustar menos o con mayor gradualismo; de lo contrario, nos obligará a hacerlo en mayor medida y de modo más rápido. Hay que tener presente que además de la tendencia es muy importante el nivel de la variable de que se trate, y la situación actual de los precios internacionales en dólares es muy satisfactoria.
Por último, ¿cómo ajustar? Para ello, es necesario, previamente, tener en cuenta cuán vulnerable está el país ante aspectos sociales y fiscales y financieros. El diseño de un ajuste debe tomar en cuenta esas situaciones. Se ha progresado enormemente desde la crisis, pero aún no estamos mejor que antes de que ella se produjera. En materia social, la pobreza ha retrocedido desde 2004, cuando alcanzó su máximo, pero aún está un tercio por encima del nivel de 2001. En materia fiscal y financiera, y tomando como base al indicador de deuda sobre PIB (deuda neta de activos externos, y producto ajustado por tipo de cambio real extra regional), al final de 2007 se estaba en el mismo nivel del cierre de 2001. Sin embargo, la situación es hoy relativamente mejor: la deuda está menos dolarizada, tiene un mejor perfil de vencimientos, la situación fiscal es mejor a la de entonces, el PIB crece en vez de caer, el tipo de cambio real está bastante menos alejado que entonces del promedio histórico y, por último, no existen hoy fundamentos para una crisis bancaria como la que vino después.
Cómo ajustar, entonces. Creo que el ajuste deberá tener tres componentes fundamentales.
Primero, el gasto primario deberá retornar al 25% del producto, desde el nivel de 28% en que lo dejará la actual administración. Aquel nivel es el de 2004-2007. Y es equiparable con el de 27% de mediados de los noventa, antes de que la reforma previsional entrara a generar ahorros y cuando la mayor parte de la inversión en vialidad estaba dentro del presupuesto. La demora en realizar los ajustes necesarios en la política económica, restará grados de libertad en su diseño al momento de querer realizarlos. No haber actuado contra cíclicamente en el auge, no dará posibilidades de hacerlo luego, cuando el auge pase.
Segundo, esa política fiscal, bien acompañada por la política salarial y por una política monetaria-cambiaria que lo haga propicio, deberá conducir al tipo de cambio a su equilibrio, por encima del actual y del que habrá en ese momento. La actual distancia entre el tipo de cambio y su nivel de equilibrio tenderá a ampliarse con el cambio de escenario externo y por la combinación de políticas a aplicarse de aquí al año próximo.
Tercero, se deberá institucionalizar una regla fiscal que tenga en cuenta el ciclo económico, de modo de terminar con esta historia de políticas pro cíclicas que sólo nos han traído problemas. Sólo un nuevo gobierno puede tomar esta iniciativa de modo que logre reunir consenso, idealmente unanimidad. Si un gobierno recién estrenado propone atarse las manos en materia fiscal, la oposición no debería dejar pasar la oportunidad de acompañarlo.