ISAAC ALFIE
A comienzos de mes, los combustibles volvieron a subir producto de la nueva escalada de precios en el mercado mundial. Ciertamente, la apreciación del peso uruguayo ha limitado el alza pero no la pudo impedir. Es claro que ante el aumento del precio del petróleo poco se puede hacer salvo, quitar o reducir la carga impositiva que pesa sobre los combustibles a efectos de morigerar el impacto del precio internacional. La coyuntura en este sentido no ha sido favorable, pero al final permitió mostrar que en economía no hay magia, tanto en este como en cualquier otro tema y que, cuando el precio de la materia prima sube, aumenta el precio de venta del bien final a menos que se pierda dinero y ninguna empresa, por más pública que sea puede perder dinero indefinidamente. El gobierno que, según las manifestaciones públicas de sus más conspicuos representantes, no creía que esto fuese así, ha terminado entendiendo que el dinero debe salir de algún lado y, si no es del precio, será de "rentas generales" y por ende de algún impuesto. Tan sencillo y fácil.
Las autoridades de Ancap han expresado que el precio fijado está por debajo del que debiera para cubrir los costos. La pregunta inmediata es ¿qué costos? En efecto, si comparamos los precios domésticos con los internacionales como se verá más adelante esto no debería ser así, siempre que existiera igualdad de eficiencia en la producción y comercialización. De la misma forma que no tengo por qué dudar de las autoridades, me preocupa entonces lo que tal aseveración nos está diciendo: "miren que Uruguay está usando, al menos parte de la financiación que nos provee Venezuela en la venta de petróleo, para cubrir un déficit corriente y no para financiar inversiones". Todos sabemos que de persistir esta tesitura, en el futuro deberemos pagar los combustibles más caros para abonar la factura de petróleo del período corriente más la deuda y sus intereses.
PRECIO RELATIVO. Los distintos combustibles cargan diferentes impuestos, algunos tienen IVA (gas oil, fuel oil), otros Imesi (naftas, queroseno). En el caso de estos últimos (1), desde 2001 el impuesto es un monto fijo por litro lo cual, desde la óptica del análisis económico puro de eficiencia e incentivos a la competencia es malo, pero, como en el sector no hay competencia resulta inocuo. En los hechos, funciona como un impuesto ad-valorem (un porcentaje sobre el precio sin impuesto) pero de tasa variable. Por tanto, para comparar los precios de los distintos combustibles debemos eliminar el efecto impositivo, de la misma forma que si quisiéramos comparar el precio local con el internacional. Así medido (sin impuestos) el precio de la nafta super 95 es de $ 20,29 por litro y el del gas oil $ 25,90. La diferencia es enorme y responde a una política deliberada que impone un impuesto, implícito e ilegal sobre el gas oil, con el cual se financian subsidios varios, en general, también ilegales ya que en ambos casos, tanto el impuesto como el subsidio nacen de decretos o resoluciones del Poder Ejecutivo. Cierto es que el gobierno tiene las mayorías para hacerlo de manera legal pero se ha negado, seguramente para no tener que discutir públicamente un impuesto tan importante sobre el gas oil luego de prometer el combustible sin ningún tipo de imposición y más aún, con subsidio.
Con esto queremos expresar que si se eliminaran los impuestos a los combustibles, el gas oil tendría un precio 27,6% superior a la nafta cuando, el costo de producción de ambos combustibles es prácticamente el mismo.
Cabe la pregunta de si el alto precio del gas oil no subsidia de manera cruzada a la nafta y una ecuación realista pondría al primero más abajo y al segundo en un precio superior a los actuales sin impuestos. Para aproximar una respuesta y, ante la ausencia de información doméstica, compararemos precios de productos "similares", la nafta super local (sin impuestos) con el de la regular en Estados Unidos en boca de surtidor (con impuestos). Al 12 de mayo de 2008, la primera costaba US$ 1,0145 el litro (1 US$ = $ 20), unos US$ 3,835 el galón (3,78 litros), mientras que la segunda US$ 3,20 el galón. Es decir, el precio de venta con impuestos en Estados Unidos es bastante inferior al local sin impuestos. Si quitáramos los impuestos de Estados Unidos, el precio en este país sería menor aún que en Uruguay. Por tanto, a menos que la ineficiencia de nuestra refinería sea escandalosa la nafta no tendría un subsidio implícito.
GASTO ESCONDIDO E IPC. Las cifras mostradas nos indican que, grosso modo, el gas oil además del IVA, tiene un impuesto implícito del orden de $ 5,61 por litro (25,90 - 20,29), cuya recaudación aproximada es $ 4.450 millones al año, (US$ 222 millones), similar a la estimación de recaudación del Imesi sobre la totalidad del resto de los combustibles.
Dado que este sobreprecio no se refleja en las finanzas de Ancap, esta importante masa de dinero, 0,75% del PIB anual, debería estarse gastando en subsidios y otras transferencias que Ancap realiza, sea directamente a empresas del "grupo", o vía la Corporación para el Desarrollo. En los hechos, cualquiera sea el uso, no es otra cosa que gasto público, fiscal o financiamiento de actividades parafiscales. Por tanto, una cifra de la magnitud planteada debe sumarme como gasto discrecional estructural al que las estadísticas oficiales muestran, de donde la expansión del gasto público de la actual administración es bastante superior al que las estadísticas indican.
Este gasto, escondido en el resultado corriente de Ancap, se aplica en algo. Así aparece un subsidio que se concentra en servicios cuya ponderación en el IPC es importante, ayudando a que este indicador no refleje cabalmente la verdadera presión inflacionaria (2). De todas maneras, ésta se puede conocer, sólo que hay que abrir adecuadamente el índice y eliminar toda manipulación de precios administrados. El término "manipulación", no significa que el INE altere los precios efectivos de mercado; no es así, el Instituto los mide adecuadamente, pero esos precios contienen distorsiones mediante medidas administrativas que, en algún momento, no podrán soportarse y cuando el tiempo llegue el IPC "pegará un salto". De allí la relevancia de medir las presiones subyacentes más que el índice concreto.
¿Y LA URSEA? De todo lo anterior surge claro que, al menos, un precio de un sector monopólico no refleja adecuadamente su costo. Casualmente unos de los cometidos legales de la Ursea (ley 17.598) es "que la tarifa refleje de manera adecuada los costos económicos" (art. 2, literal I), y "prevenir de conductas de abuso de posición dominante" (art. 14 literal O). En buen romance, tiene la tarea de limitar la renta monopólica. Al menos en este aspecto es claro que esta unidad reguladora no está cumpliendo su mandato legal y por ende está omisa y en falta.
BAJA DE IMPUESTOS. Al inicio de esta columna dije que el único mecanismo para que el precio no suba o, si se quiere, baje, es ajustando los impuestos de manera que la reducción de la carga impositiva compense el incremento del precio de la materia prima y el resto de los costos de producción (salarios, etc.). Algo de esto hizo el gobierno cuando eliminó el impuesto a la compra de moneda extranjera de las empresas públicas, y cuando redujo el Imesi a las naftas. El punto es que actualmente el Imesi recauda unos US$ 230 millones al año, a lo que debe adicionarse el IVA al gas oil, por la parte que no se devuelve y el impuesto implícito en el gas oil que, como vimos, es casi de idéntico monto al Imesi explícito. Por tanto, la cifra es muy importante, supera el 1,5% del PIB. Resulta entonces evidente que para que sea posible la reducción impositiva, debería evitarse una parte sustancial de los aumentos de gastos previstos para el 2009, cerca de US$ 600 millones. Como todo indica que el gobierno no está dispuesto a actuar con prudencia, sólo debemos cruzar los dedos para que baje el precio del petróleo, si no estos precios seguirán subiendo, pero peor aún, llegará el momento en que los subsidios y la "magia" no serán soportables y el IPC lo terminará reflejando.
(1) En realidad el gas oil tenía una parte de Imesi y otra de IVA a tasa mínima (10%) y luego se pasó todo a IVA tasa básica (22%)
(2) De la misma manera el peso del gas oil en el IPC es muy menor frente a las naftas