Lunes 30.06.2008, 22:10 hs. | Montevideo, Uruguay
 
INICIOCONTACTOMI PERFILPUBLICIDADEL PAIS MOVILEL PAIS LEIDOFAVORITOSPAG INICIO
BUSCAR
en
en internet
BUSCADOR AVANZADO
Economía y Mercado  | enviar nota |  | imprimir nota |  | agrandar texto |  | achicar texto |

Los problemas de la inflación mundial

CARLOS STENERI | DESDE WASHINGTON DC

La confluencia del aumento récord de los precios de la energía, los alimentos y los minerales proponen desafíos a nivel global en varias dimensiones interconectadas. El primero hace referencia a situaciones de inestabilidad política ya presentes en varios países en desarrollo, desatados por el alto costo de los alimentos. Eso impone una carga adicional a los encargados de combatir un empuje inflacionario con raíces a escala mundial, con medidas que pueden parecer impopulares. Y como el fenómeno se pasea entre naciones con grados de desarrollo e intereses diferentes, aparece una vez más el viejo tema de cómo se descarga el costo del ajuste necesario para combatir los síntomas de un alza global de precios.

Estos episodios abren un abanico de alternativas que arrancan desde el diagnóstico correcto de lo que está ocurriendo, determinar e instrumentar las mejores políticas para contenerlo, para concluir necesariamente que para enfrentar un fenómeno a escala mundial que afecta a todos es necesario articular marcos institucionales -que hoy no existen- para llevar adelante acciones coordinadas entre países.

LOS DATOS. Desde hace más de seis años que los precios de los alimentos vienen creciendo, con una aceleración en estampida desde 2007 duplicándolos y llevándolos a los niveles récord actuales. El precio del petróleo, en el último año creciendo un 150%, para cerrar también una tendencia creciente que arrancó también a principios de la década. Los precios de materias primas como el mineral de hierro, con pautas de crecimiento anual cercanas al 70% para el último quinquenio.

La persistencia de ese proceso es síntoma inequívoco que hay demasiado poder de compra en búsqueda de una oferta escasa de cierto tipo de bienes. Y en particular, de aquellos bienes cuya oferta es rígida en el corto plazo, como los alimentos y la energía. De por sí el fenómeno no tiene por qué producir inflación, si sólo se tratara de un cambio de precios relativos dentro de una canasta de consumo. El tema es que ese proceso tiene síntomas de estar financiado por un exceso de liquidez a escala mundial, que por distintos conductos se escurre hacia las economías domésticas. Y de ahí a desatar un proceso inflacionario generalizado hay sólo un paso que depende de los canales de transmisión que ofrezca cada economía en particular. Entre ellos caben citarse los grados de indexación doméstica de sus precios -en particular salarios-, flexibilidad del tipo de cambio, y las características de sus políticas monetarias y fiscales.

Hay ya algunos efectos preocupantes, pues la inflación global promedio de 2,4% del 2007 se estima subirá al 4,2% en el año en curso.

Como siempre, en estos episodios aparecen los buscadores de chivos expiatorios, siendo ahora el turno de los especuladores como propulsores del alza de los precios. Esta hipótesis se derrumba cuando se observa que los inventarios de esos bienes vienen decayendo ante la magnitud de una demanda que viene secularmente absorbiendo la oferta disponible.

En definitiva, estamos ante un fenómeno cuya génesis es la entrada de nuevos demandantes en la escena mundial -como China e India-, exacerbado por niveles de liquidez extraordinarios. En este caso su proveedor de última instancia fue la Reserva Federal de Estados Unidos a través de la laxitud de su política monetaria y fiscal. Para comprender mejor el efecto, es pertinente imaginar qué hubiera pasado en la época de vigencia del patrón oro ante la aparición de un gran yacimiento de ese mineral: un abaratamiento del metal amarillo cuya contrapartida hubiera sido necesariamente una suba de precios.

LAS CONSECUENCIAS. Por el momento cada país capea el tema a su manera. Brasil a través del presidente de su Banco Central, Henrique Meirelles, acaba de decir que el principal problema que enfrenta esa economía es el rebrote inflacionario. La respuesta fue un aumento reciente de la tasa de interés buscando contraer la demanda local, lo que frenará su tasa de crecimiento económico. Y varios analistas prevén que es el comienzo de una escalada que se detendrá recién ante el signo de un quiebre del impulso a la suba de los precios. Otros aplican medidas heterodoxas deprimiendo los precios domésticos de los alimentos mediante impuestos a las exportaciones, precios administrados de energía y otras medidas de efecto equivalente como Argentina, con serias consecuencias políticas. También están los que recurren al auxilio internacional para subsidiar su canasta básica de consumo. Y por último, quedan aquellos que tienen una actitud ambivalente frente al fenómeno pues lo comprenden, intentan domeñarlo pero mientras tanto sus políticas domésticas siguen descargando efectos inflacionarios en algunos casos hacia el resto del mundo (Estados Unidos) y en otros inflando sus economías domésticas (China).

Mirando ese mosaico de situaciones, se observa que existe un problema común que es la inflación, que se pretende combatir separadamente y cuyos efectos impactan en forma diferente según quién sea el afectado. Y lo más importante, el 70% del empuje inflacionario a nivel mundial es explicado por el conjunto de los países en desarrollo. Una vez más, si no se obra con cuidado, el mayor peso del ajuste necesario caerá sobre éstos, que son en términos relativos los más débiles tanto en lo económico, como en lo institucional y social.

LOS DESAFÍOS. Si hubiera un Banco Central Mundial y una sola moneda, buena parte del problema se resolvería con una política monetaria restrictiva, cuyos efectos por definición alcanzarían a todos los países. Pero la realidad es diferente, pues el mundo hoy se explica por países cuya dimensión los asimila a bloques.

Por consiguiente, la maniobra para desinflar la economía mundial requiere de dos maniobras simultáneas complejas. La primera es que Estados Unidos contraiga su política monetaria en el medio de una crisis financiera, de la cual no hay indicios ciertos de haberse superado. Hoy por hoy, a pesar de las subas recientes dictadas por la FED la tasa de interés real es negativa. Además, la FED tiene hoy una ventanilla de descuento para recuperar carteras fallidas de instituciones financieras en problemas que inyecta más liquidez al sistema. Ambas instancias de política facilitan la depreciación del dólar, hecho que irradia presiones inflacionarias hacia el resto del mundo. Además con ello expande sus exportaciones netas, aplicando mayor presión sobre los grandes exportadores como China.

Este país para combatir el impulso inflacionario debe permitir la apreciación del yuan y crear condiciones para que su demanda local sustituya en parte la contracción de sus exportaciones. Y en este proceso, se opera un efecto de segundo orden, al aumentar el precio medido en dólares de sus exportaciones. Como esa moneda continuará siendo la unidad de cambio preferida, por esa vía se neutralizarán en parte los efectos antiinflacionarios del ajuste monetario de Estados Unidos.

La Unión Europea, siguiendo las pautas de Alemania, también se vestirá de retórica antiinflacionaria. Pero el traspié reciente con Irlanda le recuerda que es una agrupación de países diversos, donde algunos no están en condiciones de soportar políticas contractivas.

En esa dinámica compleja, el resto del mundo en desarrollo -entre ellos nosotros- navegamos sobre la cresta de una situación donde la liquidez la manejan otros. Sus efectos son conocidos: importación de inflación a través de los precios internacionales, dificultades para aplicar políticas monetarias restrictivas so pena de atraer más liquidez, que se expresa en compras de reservas con los consiguientes costos de esterilización. Bajo estas circunstancias, es irreal pensar que sus autoridades dejen caer el tipo de cambio nominal y ajusten su absorción doméstica a los niveles necesarios para cumplir cabalmente su objetivo antiinflacionario. Nadie quiere ser primero en este juego, y menos países que siempre han sido tomadores de situaciones generalmente adversas.

CONCLUSIÓN. En definitiva todos hablan, pero nadie quiere desinflar de manera drástica, a la espera de descargar los costos del ajuste hacia fuera. En esto, los incentivos juegan en forma perversa, repitiéndose de alguna manera episodios que sucedieron en la década del setenta. La única diferencia es que ahora hay en el escenario nuevos países, como China e India, que son parte del problema y también de la solución.

Resolver el problema inflacionario a escala mundial requiere de acciones coordinadas, máxime si se pretende disminuir los costos de un ajuste inevitable.

Una vez más, resulta patente la necesidad de una nueva institucionalidad que facilite acciones coordinadas en la materia entre naciones. Actuar sin ella, es entrar en una suerte de ley de la selva, donde las naciones más pequeñas económicamente serán quienes soportarán desmedidamente la carga del ajuste.

¿ Encontraste un error? 


Otras Ediciones
TODAS291623
volver arriba
ASISTENCIA AL USUARIO 903 1986
CLASIFICADOS 400 2141 - 131 | SHOPPING EL PAIS 903 1986
REDACCION IMPRESA 902 0115 | REDACCION DIGITAL 902 0115 int 440 | PUBLICIDAD IMPRESA 902 3061 | PUBLICIDAD DIGITAL 900 2338
Zelmar Michelini 1287, piso 4, CP.11100, Montevideo, Uruguay | Copyright © EL PAIS S.A. 1918-2008
Certifica Metric Medición de Tráfico Certifica.com
Powered by ANTELDATA Powered by ANTELDATA
Grupo de Diarios América Miembro de GDA, Grupo de Diarios de America