Las ruinas son para los ricos
Machu Picchu antes era un destino de mochileros, ya no
Aquejada por una inflación descontrolada y una sanguinaria guerrilla maoísta, Perú no era el sitio ideal para instalar hoteles fastuosos para los ricos.
Pero las cosas están cambiando. Una paz relativa y una economía en alza han hecho que un país que atraía más que nada a mochileros y a turistas aventureros, empiece a recibir visitantes que quieren viajar con todas las comodidades.
Bill Gates y la actriz Cameron Diaz visitaron recientemente el Machu Picchu, donde uno puede alojarse en una habitación con vista a la famosa fortaleza por US$ 965 la noche.
En la vecina Cusco, a 3.400 metros de altura, uno puede alojarse en habitaciones a las que se les suministra oxígeno adicional para tolerar el apunamiento a un costo de 30 dólares diarios.
Las iniciativas del gobierno de Alan García para desarrollar el turismo caro, no obstante, están siendo resistidas por los residentes de las zonas turísticas, que dicen que no les benefician en nada. A principios del año una protesta paralizó el aeropuerto de Cusco y bloqueó la línea del ferrocarril de esa ciudad. "¡Cusco no se vende! ¡Cusco se defiende!", corearon los manifestantes.
El gobierno dice que el turismo genera empleos. La mayoría de los manifestantes, sin embargo, no trabaja en la industria turística, sino que son campesinos. Sostienen que un puñado adicional de mozos y botones no cambiarán nada.
Cusco tiene ahora media docena de hoteles de cuatro estrellas, cuatro más que a comienzos de la década de 1990, cuando la ciudad atraía más que nada a turistas osados. En lugar de hippies con ponchos peruanos, ahora se ven modelos que son fotografiadas para la revista Vogue. (AP)
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