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Pensar los partidos
Son el puente entre el conocimiento y el poder. Cuanto más cerca de las elecciones, más actividad y atención mediática. Definidos los escaños y cargos, vuelven a menudo a un anonimato solo interrumpido por la presentación del informe de turno.

Fabián Muro

Como en otros países, los think tanks (o "usinas de pensamiento") vinculados a los partidos políticos reflejan las tensiones de una relación de mutua dependencia entre los que toman las decisiones y aquellos que generan la base teórica o empírica para fundamentarlas: políticos e intelectuales.

Por un lado, los partidos necesitan el aporte que puedan realizar economistas, sociólogos, antropólogos y otros profesionales del pensamiento para concebir políticas públicas y llevarlas a cabo. Por el otro, no pueden aparecer como acríticos compradores de proyectos sólo porque provengan de centros de investigación calificados. La democracia perdería espacios si se impone una oligarquía del saber.

Un think tank puede estar organizado de distintas formas y puede o no pertenecer orgánicamente a un partido o sector político dentro del mismo. Más allá de la forma que elija para su funcionamiento, la distancia entre los profesionales y el centro del poder político varía de acuerdo a la coyuntura. De la misma manera, las tareas y el trabajo también cambian según el momento.

Sin embargo, casi siempre se trata de instituciones que elaboran por su cuenta o con otras proyectos destinados a servir como base para la aplicación de políticas públicas. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo las califica como "el puente entre el conocimiento y el poder en las democracias modernas".

En Uruguay, estas organizaciones existen, están al servicio de la clase política y se financian de distintas maneras. Algunas reciben fondos de fundaciones extranjeras, otras dependen de la filantropía de los simpatizantes o la vocación de servicio de los técnicos y profesionales que se suman. Si el proyecto de ley de financiamiento de partidos políticos se aprueba tal como está planteado hasta la fecha, los propios partidos políticos podrán financiar sus fundaciones, como ocurre en España o Brasil. Actualmente sus presupuestos son bastante limitados.

Urgencias e importancias. Un exitoso, y a esta altura casi clásico, ejemplo de este tipo usina intelectual en Uruguay es el Instituto Manuel Oribe (IMO), dependiente del herrerismo. En la actualidad, el instituto reedita la tarea que tuvo antes de las elecciones de 1989: elaborar el programa de gobierno para que Luis Alberto Lacalle pueda desarrollar su campaña electoral con el necesario sustento técnico y teórico. Fundado en 1985, el instituto cuenta con aproximadamente 130 socios y con una directiva de 15 integrantes, presidida por el propio Lacalle y con gente como Guillermo García Costa, Alicia Martínez y Jorge Cibils al frente.

Recientemente, el IMO presentó el documento El gobierno del Partido Nacional, 1990-1995, en el cual se resumen varias de las políticas públicas que el equipo del ex presidente llevó a cabo. Además del fin propagandístico, el informe sintetiza y sistematiza las experiencias de gobierno con el propósito de, en el mejor de los casos, evitar los errores del pasado.

El exitoso antecedente del IMO cundió entre los líderes del Partido Nacional. Hoy, esa agrupación cuenta con varios think tanks internos, entre ellos el Instituto Aportes, vinculado al sector de Francisco Gallinal, la Fundación Crecer promovida por el diputado Gustavo Penadés, el Centro de Estudios y Formación Josefa Oribe, cercano a Beatriz Argimón y la flamante Fundación Para la Democracia Wilson Ferreira Aldunate, inaugurada el 6 de marzo, y una herramienta para las aspiraciones presidenciales de Jorge Larrañaga.

Pero esta última no solo se ocupará de la elaboración de un programa de gobierno. Su director, Carlos Delpiazzo, reconoce la cercanía con Alianza Nacional, pero también sostiene que la institución apunta más allá, para que lo urgente no postergue a lo importante. "Si bien nuestros técnicos, que son cerca de 400, contribuirán a diseñar las acciones para una eventual presidencia de Larrañaga, eso será el subproducto de un trabajo más ambicioso: pensar en qué país queremos tener para el 2030, o sea el Uruguay del bicentenario".

Delpiazzo hace notar que hay una intención concreta cuando se elige bautizar a la fundación con el nombre de Wilson Ferreira Aldunate: facilitar la identificación con la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE), en la cual Ferreira Aldunate jugó un decisivo papel la década de 1960. Esa comisión es una precursora muy influyente en la historia de los think tanks nacionales. Funcionó de 1960 a 1965, estuvo integrada por especialistas y técnicos como Danilo Astori, Alberto Bensión, Germán Rama y Ricardo Zerbino y presentó una serie de diagnósticos que se tradujeron en propuestas como la formación de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, el Banco Central y las leyes forestales y de vivienda, implementadas luego de que la CIDE se disolviera. También tuvo sus contratiempos, como la idea de llevar a cabo una reforma agraria, pero para Delpiazzo eso no invalida el ejemplo y las enseñanzas que dejó la comisión.

La postura de la Fundación Para La Democracia -trabajar sobre programas concretos y acotados en el tiempo, y a la vez tener la mira puesta en el futuro del país- es similar a la frenteamplista Fundación Líber Seregni, que comenzó a trabajar el año pasado. Hasta ahora, el trabajo de la usina intelectual oficialista se ha concentrado ante todo en la evaluación de las experiencias de gobierno. Tanto a nivel nacional como departamental, la Líber Seregni ha acumulado y procesado datos sobre el desempeño de la izquierda en el poder. El ciclo de mesas redondas "Uruguay en balance", por ejemplo, se realizó en diciembre y se centró en hacer un control de las principales promesas preelectorales del Frente Amplio. La fundación también estuvo al frente de la evaluación de la gestión de las ocho intendencias frentistas y la elaboración de propuestas para el futuro, como la idea de bajar la edad del voto de 18 a 16 años en las elecciones municipales.

El director de la Fundación Líber Seregni es Agustín Canzani, asesor del presidente Tabaré Vázquez en opinión pública. Junto a él sesionan 15 otras figuras del Frente Amplio, como el ex ministro de Educación, Jorge Brovetto, el director de la OPP, Enrique Rubio, el ministro de Economía, Danilo Astori y el intendente de Canelones, Marcos Carámbula. Para Canzani, la Fundación Líber Seregni es en parte un think tank, pero también un lugar para construir una identidad y una cultura de izquierda. "Es importante reflexionar sobre la política fuera de los partidos", opina y agrega que la fundación no quiere entrometerse en las tareas partidarias. "El FA tiene sus capacidades y sus comisiones programáticas, que se encargan de elaborar los programas y las propuestas". Aún así, la fundación planifica para agosto el primero de cuatro encuentros regionales con think tanks vinculados a la izquierda de Brasil, Chile y Argentina, en los cuales se discutirá, precisamente, sobre políticas públicas.

Una relación intermitente. El politólogo Adolfo Garcé se especializa en cómo se relaciona el poder político con el saber técnico o científico y ha producido varios informes al respecto. El más reciente de ellos se titula Think Thanks y expertos en el gobierno del Frente Amplio (Uruguay, 2005-2008) y en él colaboraron también Javier Gallardo y Paulo Ravecca.

Cuando Garcé comenzó su investigación, manejaba la hipótesis de que existe una relación estrecha entre los think tanks y los partidos políticos. Luego de varios meses de estudio tuvo que rever su hipótesis y concluir que no se pueden hacer afirmaciones genéricas sobre el vínculo. "Una de las cosas que han surgido de la investigación es que en Uruguay estamos atrasados respecto a la tendencia internacional, que intenta mejorar la relación del político con el especialista. Porque el partido, por lo general, no aloja bien al especialista. El partido es celoso de su espacio".

Para Garcé, la complicada e intermitente relación entre el saber y la acción política se expresa, entre otras cosas, en los distintos niveles de sofisticación de los políticos. Muy duchos para la lucha por el poder, dejan de serlo cuando llega la hora de gobernar o legislar: la calidad de la gestión pública no exhibe el mismo grado de refinamiento que la contienda electoral. Pero, agrega el analista, los partidos han entendido en los últimos tiempos que este es un aspecto a mejorar. En parte, esa reciente comprensión explica que varios de los think tanks tengan muy poca vida: muchos de ellos fueron fundados en 2007 o a comienzos de este.

Garcé conjetura que el aporte que puede hacer la Fundación Líber Seregni será fundamental para las próximas elecciones. Entre otras cosas porque, hasta ahora, el gobierno se ha asesorado en buena medida fuera del ámbito partidario, en particular con la Universidad de la República. "La relación entre el gobierno y los Institutos de Ciencias Políticas y Economía de las respectivas facultades es buena. Además, nunca antes un gobierno tuvo un vínculo tan cercano con la Universidad como este", dice. A modo de ejemplo, recuerda que Vázquez, a dos días de asumir como presidente, el 3 de marzo de 2004, había firmado un convenio con la Universidad de la República.

Garcé también destaca que la Facultad de Ciencias Sociales aportó las piernas y la confección de las bases de datos para la implementación de la política que luego se transformó en el Plan de Atención Nacional a la Emergencia Social (Panes).

En el Partido Colorado, la Fundación Propuesta, afín al sector Vamos Uruguay de Pedro Bordaberry se reúne periódicamente para, bajo la dirección del ex ministro de Salud Pública Alfredo Solari, elaborar las propuestas que el candidato colorado presentará en la próxima campaña electoral.

Hoy, por ejemplo, Bordaberry y algunos de los encargados de los equipos temáticos que forman parte de la fundación realizarán en Rocha uno de los 19 encuentros regionales que tienen planificados para presentar sus ideas y a la vez, recoger datos de la realidad. "Cada grupo temático desarrolla un breve informe mensual, para tener una suerte de observatorio de la realidad, que luego servirá de base para elaborar nuestro programa", explica el político y aclara que la Fundación Propuesta recién está empezando a caminar y el único vínculo que ha establecido hasta hoy fue con el Instituto Cuesta Duarte, del Pit-Cnt. "Cuando los visité, quedamos en iniciar un diálogo que aún no se ha dado, pero espero pueda darse".

Los colorados también cuentan con la Fundación José Batlle y Ordóñez. De escasa trayectoria hasta la fecha -lo más notorio fue organizar la visita del periodista argentino Joaquín Morales Solá hace dos años- está dirigida por Roberto Domínguez. En la directiva abundan varios escindidos de los sectores más importantes: Leonardo Costa, ex Lista 15, Hugo Fernández Faingold, ex senador, ministro y embajador en Estados Unidos y Manuel Flores Silva, ex senador y director de la extinta revista Posdata, entre otros. "No tenemos inquietudes electorales o de ocupar cargos. Hay gente que quiere llegar al poder y luego no sabe qué hacer cuando llega", afirma Domínguez y agrega que espera que la fundación que preside aportar ideas sobre temas como el cambio de matriz energética en Uruguay. A juzgar por algunos de sus integrantes es poco probable que los sectores mayoritarios del Partido Colorado atiendan sus sugerencias.

Más allá del conocimiento y las ideas generadas en el ámbito de los centros de investigación, Garcé recalca que los partidos tienen una importante reserva intelectual propia: "No hay que subestimar a los políticos. Sanguinetti es un pensador. Lacalle también. Seregni fue lúcido cuando fundó otro `think tank`, el Centro de Estudios Estratégicos 1815, que hizo aportes para que se entendiera la importancia del diseño de políticas de estado, más allá de los colores partidarios. Y Vázquez, tal como los médicos, que mandan a hacer una serie de exámenes, consulta a los que saben antes de determinar algunas de sus opciones".

La mayor o menor resistencia de los políticos hacia este tipo de instituciones forma parte de la contienda que se da en el "mercado de las ideas". Los políticos estaban acostumbrados a dominar el debate. Hoy, ese privilegio tienen que compartirlo con economistas, sociólogos, expertos en ecología, medios de comunicación y organizaciones civiles, que ponen temas a consideración de la opinión y les disputan la iniciativa. Ese mercado intelectual ofrece una multitud de caminos a seguir. La capacidad de los partidos para ir hacia una buena relación entre el poder y el saber, determinará la calidad de la gestión pública.

Estimular a las neuronas políticas

Una usina intelectual no solo produce documentos. "La idea de bajar la edad en las elecciones municipales fue de los intendentes progresistas. Y también la de imponer la equidad de sexos en los ejecutivos de las Juntas Locales. Pero nosotros patrocinamos esos encuentros" dice Helena Hensein de la Fundación Líber Seregni. "Luego se verá si eso se implementa. Pero uno de nuestros cometidos ya se cumplió".



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