A los profesores nuevos, en la primera reunión de coordinación se les advierte que formen grupos "de dos o tres a la hora de la salida" del liceo y que "nunca" lo hagan solos. Y a los que van en auto les avisan que es muy probable que se los rayen o les pinchen una rueda. O todas, como también pasó. Es la situación que describió a Qué Pasa un docente del liceo 13 de Maroñas, aquel en el que hace cuatro años un disparo dejó paralítica a Fiorella Buzetta, una alumna de primer año.
El lunes 12 de abril de 2004, Marcos Chiappa se acercó a Fiorella en el salón de 1° 7 y la amenazó con un arma. Le dijo que era de juguete. Minutos después, el supuesto juego se convirtió en el episodio de violencia escolar más brutal de los últimos tiempos, cuando se oyó el disparo de la Browning 6.35. La bala se alojó en la médula espinal de Fiorella.
A la hora de declarar ante el juez de Menores, Chiappa dijo que más de una vez lo habían atacado a la salida del liceo, incluso con navajas. Consiguió un arma en su propia casa porque tiene tres hermanos policías.
Cuando la familia Buzetta estaba en juicio contra la Anep (que por lucro cesante y daños emergente y moral deberá pagar a Fiorella una pensión vitalicia de 20.000 pesos mensuales) la entonces directora del liceo les acercó las cartas que había mandado a Secundaria, en más de una oportunidad, en las que pedía ayuda y solicitaba servicio 222 para la puerta.
Lo que quedó claro en ese momento fue que a la salida del liceo 13 los alumnos tenían que soportar violencia de todo tipo. Cuatro años después, el panorama es el mismo. "Desde Anep no se ha hecho nada con el tema de la violencia. Cuando pasa algo puntual, como lo de Fiorella, aparecen los psicólogos y la ayuda desde Secundaria. Pero apagan el incendio y se van. Los compañeros que trabajan en el 13 nos cuentan que es un liceo que sigue siendo muy problemático", señaló a Qué Pasa Aníbal Merino, presidente de Fenapes.
Robo de championes, celulares, relojes. Hasta gorros. Un docente del 13 confirmó que el panorama es igual al que se describía en 2004. Bandas de adolescentes que no van al liceo esperan a los más chicos a la salida. Los roban, les pegan. A las mujeres, además, las manosean. También se cuelan, entran al liceo y roban a gusto, contó el docente que pidió el anonimato.