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Euroderecha
Mientras en América Latina, la izquierda gobierna emulando a la socialdemocracia europea, el viejo continente deja atrás ese modelo y hace un abrupto giro a la derecha evidenciado, según analistas, en medidas como la "Directiva Retorno" para los inmigrantes ilegales.

Newsweek, El País de Madrid, The Economist, Agencias

Con Silvio Berlusconi otra vez con el poder en Italia, los partidos de derecha de Europa pueden mirar orgullosos todo un continente bajo su control. De norte a sur, de este a oeste, Europa es conservadora. Hay socialdemócratas en ministerios en gobiernos de coalición en Alemania y Holanda pero esos Ejecutivos son manejados por la derecha. Sólo tres miembros de la Unión Europea -España, Portugal y Gran Bretaña- son gobernados exclusivamente por la izquierda. La llegada de Gianni Alemanno un político posfascista, a la alcaldía de Roma y la buena acogida al conservador y euroescéptico, Boris Johnson, como alcalde de Londres completaron la triunfante marcha de la derecha europea por los pasillos del poder. En Bruselas, un exitoso intento del actual presidente de la Comisión de la Unión Europea, el conservador José Manuel Barroso, por convertirse en el presidente del bloque por encima del izquierdista Tony Blair, podría confirmar (se espera una decisión antes de fin de año) la supremacía de los conservadores europeos como líderes políticos del continente.

Desde el concierto de naciones del siglo XIX, cuando conservadores reaccionarios como Metternich, Talleyrand y Wellington aplastaron a los liberales que desafiaban a reyes y emperadores, Europa no veía una supremacía así de los políticos de derecha.

Hace una década todo era diferente. Una mayoría de los países europeos tenían en el poder a partidos de centro-izquierda. Bill Clinton se sentaba en la cabecera de una mesa en la que había comensales como Blair, el francés Lionel Jospin, el alemán Gerhard Schroeder y el sueco Goran Persson, y donde se pontificaba al progresismo. Pero esos conversadores liberales no produjeron ninguna visión, ni un programa político duradero, escribió el mes pasado en Newsweek el periodista Denis MacShane. Igual reconoce la creación de trabajos y el crecimiento que consiguió Blair. La generación del 68 se vio al mando pero sin saber cómo usar el poder de un gobierno para hacer realidad todos sus sueños.

Pero ahora que los conservadores mandan en Europa, la pregunta es qué van a hacer.

Algunos analistas consideran que los cambios ya empezaron a hacerse notar. Y aunque los expertos no se ponen de acuerdo sobre el alcance del giro, coinciden en que el avance de la derecha en casi toda Europa ha dejado su impronta en la Unión Europea.

En muy pocos días han coincidido dos proyectos que amenazan con hacer añicos el sueño liberal europeo: la directiva para que la jornada laboral máxima pase de 48 a 60 horas -y excepcionalmente, incluso a 78- y la que combate la inmigración ilegal con una dureza que hasta hace poco se asociaba exclusivamente a la extrema derecha. El contraste con el pasado reciente es flagrante: hace 10 años, el debate sobre la jornada laboral lo lideraba Francia con su propuesta de 35 horas. Y toda la Unión aislaba a Austria por abrir la puerta del gobierno a un partido que se ensañaba con los inmigrantes.

La "Directiva Retorno", que pone en peligro la estadía en Europa de miles de uruguayos, por ejemplo, hay que ubicarla en un proceso de organización y endurecimiento de la política migratoria de la Unión Europea que empieza a acentuarse en la actual presidencia francesa del bloque en este segundo semestre de 2008 (a cargo del derechista Nicolas Sarkozy), con un "pacto europeo" impulsado por París. Ese acuerdo excluye a futuro cualquier regularización masiva de inmigrantes en los países del bloque. Unas ocho millones de personas son alcanzadas por esta decisión. Algunos medios europeos hablan de un endurecimiento de las normas similar a la que Estados Unidos realizó después del 11 de setiembre de 2001.

"Los europeos están a favor de Europa, pero ahora exigen protección contra los riesgos de la globalización", dijo Sarkozy.

América Latina ve con preocupación el tema por las potenciales crisis locales que pueden generar las medidas más estrictas para la inmigración y por el distanciamiento que esto provoca con un referente cultural poderoso como siempre fue Europa. Pero también porque, siempre a destiempo, el continente actualmente está gobernado por partidos de izquierda que, de alguna manera, han ablandado el discurso combativo de otrora para emular a la socialdemocracia europea que hoy, por lo visto se presenta como un modelo superado en el viejo continente. La izquierda europea tal como se la conoció, advierten analistas, podría convertirse cada vez más en una rareza.

"Europa se ha vuelto de derecha porque la izquierda está en crisis y no sabe dar seguridad ni garantías. Además, los pocos gobiernos de izquierda que quedan son muy poco de izquierda, incluyendo el de España", apunta Ignasi Guardans, eurodiputado de Convergència i Unió (CiU) adscrito al grupo liberal de la Eurocámara

En la reciente cumbre de países miembros del Mercosur (integrado por gobiernos que, con variaciones, podrían calificarse de "progresistas"), el comunicado conjunto criticó duramente estas políticas europeas. El presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, desaprobó personalmente estos cambios en el vínculo de Europa con los emigrantes que salen de la región. Habló de xenofobia.

Pero la derecha europea no votó sola ese endurecimiento: 16 de los 19 socialistas españoles, por ejemplo, votaron a favor de la norma de inmigración que critica Vázquez.

"La actual construcción europea es cada vez menos social y cada vez más orientada a los mercados y la libre competencia en los derechos sociales", le dijo a la Deutsche Welle, Aureli Trouvé, co-presidente de la rama francesa de la organización antiglobalizadora, Attac. "La población quiere un proyecto europeo social y democrático, pero lo que hemos visto últimamente y lo que estamos viviendo es más bien un retroceso social". Trouvé no tiene en cuenta que los gobiernos de derecha fueron elegidos en la urnas, una de las más efectivas formas de saber cuál es el sentir popular.

En el último año, toda Europa, con excepción de España, ha votado a partidos de centro-derecha. En Italia, Berlusconi venció al izquierdista Walter Veltroni y en Francia, Sarkozy le ganó a la socialista Segolene Royal. En Gran Bretaña, la versión lavada de la centroizquierda que representa el laborismo de Gordon Brown podría ser vencido en las elecciones por la carismática figura conservadora de David Cameron. La alemana Angela Merkel está firme en el gobierno aunque la sección a la izquierda de su coalición está en caída libre de popularidad. Hasta los países nórdicos (Suecia, por ejemplo), habitualmente vinculados a posturas progresistas, se han volcado hacia gobiernos conservadores. En España y Portugal los gobiernos son socialistas, aunque no siempre llevan adelante políticas tradicionalmente promovidas por la izquierda.

La nueva actitud de la Unión Europea, viene precedida por cambios a nivel nacional. En Gran Bretaña, funcionarios salieron a cazar inmigrantes con allanamientos en fábricas, granjas, restoranes y otros lugares donde consiguen trabajo los ilegales. Los nombres de los encargados de empresas que contratan extranjeros sin papeles van a ser publicados en sitios oficiales como una manera de "avergonzarlos". En Italia, Silvio Berlusconi consiguió volver al gobierno en abril aliándose con la anti-inmigrantes Liga del Norte y con la promesa de terminar con la inmigración ilegal. En su primera reunión de gabinete, el 21 de mayo, aprobó una serie de medidas que criminalizaron la entrada clandestina a Italia, introdujo sentencias discriminadas para los ilegales e impuso medidas draconianas para aquellos que los contraten. El paquete también facilitaba la expulsión de ciudadanos de la Unión Europea, una medida dirigida a los alrededor de 50.000 gitanos rumanos que son acusados, muchas veces injustamente, de estar detrás de buena parte del crimen en Italia. Otros países europeos impusieron medidas similares.

"Estamos ante un retroceso clarísimo en los derechos sociales y ciudadanos", apunta también Nicolás Sartorius, vicepresidente de la Fundación Alternativas, de inspiración progresista. "Hay un ataque brutal a muchas conquistas logradas en las últimas décadas".

"Nunca la correlación de fuerzas ha sido tan desfavorable y esto nos lo pone muy difícil si queremos influir", explica Alejandro Cercas, ponente socialista en la directiva de la jornada laboral. Para él, la clave es que las decisiones importantes se toman en los consejos intergubernamentales, donde la mayoría de la derecha es abrumadora. Cree que muchos Ejecutivos utilizan estos consejos para impulsar normas que temen llevar a sus Parlamentos nacionales por la erosión que podrían implicar. "La Unión Europea se está utilizando como mecanismo para dar legitimidad a las políticas nacionales", recalca Sergio Carrera, del Centro de Estudios Políticos Europeos, que tiene su sede en Bruselas.

"La tendencia es clara: los británicos, por ejemplo, imponen a Europa cuestiones en la lucha contra el terrorismo que ni siquiera se atreverían a plantear en la Cámara de los Comunes", le secunda Guardans quien juzga innegable la derechización de la Unión Europea. En su opinión, el riesgo está en el retroceso en las libertades como consecuencia de la "guerra contra el terrorismo".

Esta guerra la lidera en Europa la Gran Bretaña de los laboristas. En teoría, pues, la izquierda. Pero en el país que aplicaba el hábeas corpus ya en la Edad Media, será ahora posible detener sin cargos durante 42 días (antes, 28) a cualquier sospechoso de terrorismo.

"La medida viola claramente los derechos humanos. La lucha contra el terrorismo se está haciendo a costa de las libertades, también en Europa", se lamenta Judith Sunderland, de Human Rights Watch. Suecia, hasta ahora otro referente mundial en el respeto a los derechos de los ciudadanos frente a posibles atropellos por parte del Estado, acaba de aprobar una ley que parece sacada del mundo orwelliano de 1984: el Estado podrá escrutar el contenido de todos los correos electrónicos.

La ampliación hacia el este, emprendida a partir de 2004, no ha hecho sino reforzar esta derechización hasta el punto de hacerla casi irreversible. El antiguo bloque del Este -parte de la nueva Europa, como la llamó George W. Bush- salió tan herida del totalitarismo que la agenda liberal y la complicidad con Washington forman parte del acervo de todos los partidos, ya sean de derecha o de izquierda.

"El peso de la historia explica que todos los nuevos países defiendan la misma agenda liberal y que todos hagan siempre causa común con los postulados tradicionales anglosajones", subraya Jan Techau, analista del Centro para los Estudios Europeos Alfred von Oppenheim, con sede en Berlín. En su opinión, sin embargo, el modelo social de la Europa occidental no está en riesgo porque "la gran mayoría de competencias en protección social sigue en manos de los Estados".

"La agenda neoliberal de la Unión Europea es más simbólica que real; no hay que temer a Bruselas porque en este aspecto no es más que un tigre de papel`, concluye Techau.

Krysztof Bobinski, del centro de estudios Unia & Polska, de Varsovia, reconoce que la ampliación ha cambiado las reglas del juego: "Tras años de dictaduras, nuestros estándares de derechos pueden ser inferiores a los de los países europeos, pero no conviene exagerar. Es toda Europa la que ha girado a la derecha; no es una cuestión simplemente del Este" insiste Bobinski.

Nadie niega el creciente predominio de la derecha en la Unión Europea. Pero no todo el mundo comparte la idea de que el giro socave la tradición de décadas de construcción europea tejida con el consenso entre la izquierda posibilista y una derecha de tradición democristiana. "No hay ninguna evidencia de que Europa se esté convirtiendo en ultraliberal. Nadie está desmantelando el Estado de bienestar`, recalca Simon Tilford, del Centro para la Reforma Europea, en Londres. Tilford ni siquiera considera que la directiva de tiempo de trabajo vaya a tener demasiado impacto. Guardans coincide: `No se está acabando con ningún modelo social, pero deben romperse tabúes si queremos ser competitivos`.

Tampoco la directiva de inmigración choca con la tradición europea, según Carmen González, investigadora del Real Instituto Elcano: "No hay que interpretarla como una reducción de libertades, al menos en el caso español (donde el Gobierno establecerá en dos meses el límite de retención de inmigrantes sin papeles), sino como una medida de eficacia y disuasoria.

Otra oportunidad. Aunque algo vapuleada, la izquierda, como se solía decir en tiempos de la guerra fría, está ahí agazapada esperando su oportunidad. Principalmente porque no siempre la derecha puede cumplir con sus compromisos de una mejoría en la calidad de vida de sus ciudadanos.

Sarkozy asumió en Francia con la promesa de hacer que la gente trabaje mucho y más tiempo, así Francia puede volver a ser la nación del "Enrichissez vous!" (¡Hágase rico!), la exclamación de la burguesía francesa del siglo XIX. Pero Sarkozy es una desilusión, apunta Mac Shane en Newsweek, ya que además de pasearse con su nueva esposa, Carla Bruni, no ha podido evitar la caída en el crecimiento de Francia. Y cada vez que intenta alguna reforma para abrir el mercado se choca con férreos grupos de interés. A su vez, la recuperación en Alemania podría ser adjudicada al gobierno de Schroeder y no a una Merkel que intenta vencer la idiosincracia alemana y reducir la cifra de cuatro millones de desempleados. Y Berlusconi ya intentó imponer su brío empresarial a la economía y al gobierno y todo terminó, por ejemplo, con las calles de Nápoles llenas de basura.

Ese tipo de desilusiones, apunta el periodista colombiano Idafe Martin en una reciente nota en Clarín, lleva al surgimiento de una izquierda proveniente, no de los partidos sino de los movimientos sociales. Así, en Bélgica apareció Une Autre Gauche (Otra Izquierda), un sector integrado por miembros de ONG y personalidades progresistas; en Francia crece la extrema izquierda liderada por el joven Olivier Besancenot; en Alemania, Die Linke (La Izquierda), desencantados de la socialdemocracia tradicional y ex comunistas de la Alemania del Este tienen atendibles aspiraciones de llegar al Parlamento y en Holanda también crece el Partido Socialista, de extrema izquierda, que formaron sindicalistas y euroescépticos.

Sin embargo este es el tiempo de la derecha en Europa y esa es una zafra que no quiere desaprovechar. u

Aquella vieja guardia conservadora

Los conservadores de la posguerra tenían grandes líderes, como Churchill (foto), DeGaulle y Adenauer en Alemania Occidental. Estos conservadores crearon el capitalismo social, resistieron el comunismo y promovieron los valores cristianos. Los grandes pensadores, como Friedrich von Hayek, mostraron la futilidad del Estado manejando la economía. Raymond Aron se puso firme contra la admiración de sus colegas por Stalin y Mao. Conservadores católicos como Jean Monnet y Robert Schumann crearon el Mercado Común Europeo iniciando el crecimiento del continente Hoy los conservadores andan en limusinas oficiales, pero no tienen líderes, ideólogos o filosofías. (Newsweek)

Desde el Mercosur

El comunicado conjunto de la última cumbre del Mercosur, que se celebró esta semana en Tucumán, Argentina, emitió un fuerte rechazo a la política migratoria Europea. El presidente Tabaré Vázquez fue uno de los jefes de gobierno que encabezó las críticas.

Presidente con dos sillones

La noche antes de que empiece, la torre Eiffel se iluminará de azul y amarilla, los colores de la Unión Europea. Líderes de los 27 miembros de la UE, más 17 de países mediterráneos, están invitados a lanzar una nueva Unión Mediterránea. No menos de 10 cumbres internacionales se realizarán en estos seis meses. Los franceses tienen grandes planes para su presidencia de la UE, que comenzó el 1° de julio. Hay que mostrar que Francia está de nuevo en Europa y que Nicolas Sarkozy es un líder dinámico y hacedor.

Y los irlandeses complicaron todo. A pesar de que los franceses, y otros, están bajándole el perfil, no pueden disimular su consternación con lo votantes irlandeses que le dijeron "no" al Tratado de Lisboa. Temen que armar todo de nuevo, como otros lo hicieron cuando los franceses y los holandeses rechazaron una versión anterior de este tratado en 2005, nublará su momento estelar. Líderes de la UE acordaron esperar hasta octubre a ver qué decide hacer el gobierno irlandés. Sarkozy insiste en que sigan las ratificaciones.

Como es habitual en él, Sarkozy decidió ir a Dublín, el 11 de julio, a "escuchar". Espera convertir esto en una oportunidad para que los líderes de la UE trabajen en temas que le interesan a sus ciudadanos, como el medio ambiente y la energía. Una reciente encuesta del Eurobarómetro concluyó que sólo 52% de los europeos consideran la membresía a la UE una cosa buena para su país; en Francia es sólo el 48%. La popularidad de Sarkozy está cayendo. Otra encuesta dijo que solo 31% de los franceses piensa que será capaz de relanzar Europa.

Si no lo logra, no será por falta de ambición. Además de la Unión Mediterránea (que tiene reparos fuertes de Alemania que prefiere bajar el entusiasmo y de los países árabes que no ven con agrado que participe Israel), el más relevante para Sarkozy es asegurar un descenso en las emisiones de carbono. Los franceses también quieren que una respuesta conjunta a los altos precios de la energía. Más posible parece el "pacto de inmigración", que será revelado en Cannes el lunes. La idea es que no se hagan regularizaciones masivas, reforzar los controles fronterizos y armonizar los procedimientos para repatriar a los ilegales.

En el tema militar, Francia va a tener cuidado de no avanzar mucho antes de un segundo voto irlandés. Hay temores de que eso podría ser utilizado por los que dicen no al tratado, con el argumento de que compromete la neutralidad irlandesa. Las elecciones presidenciales estadounidenses en noviembre también incomodan, dado que el Señor Sarkozy quire la bendición de Estados Unidos para una defensa militar europea conjunta antes de que Francia se reeintegre por completo a Otan. Las discusiones sobre la agricultura, si bien han sido más relajadas que durante la presidencia de Jacques Chirac, se convertirán rápidamente en disputas con los neoliberales sobre la mejor manera de adaptar los subsidios agrícolas en la actual escalada de precios de alimentos.

Al final, Sarkozy estará ansioso por reclamar para sí algunos logros como presidente de la UE. Hasta ahora, lo que ha conseguido como presidente francés ha sido más bien insustancial. El Tratado de Lisboa iba a ser uno de esos logros, pero ahora está en duda. Una cumbre mediterránea con buena concurrencia sería un gran ayuda para las metas de Sarkozy. Pero no se puede descartar una iniciativa sorpresa, por lo que muchos líderes europeos temen lo que pueda pasar en los próximos seis meses (The Economist).

Medidas polémicas

Las nuevas iniciativas que la Unión Europea y los gobiernos europeos llevan adelante, han desatado más de una polémica. Sectores sociales y políticos temen que el modelo europeo esté en peligro. Inmigración, antiterrorismo y derechos laborales son los puntos álgidos.

INMIGRACIÓN. La Eurocámara ha ratificado esta semana la retención de inmigrantes sin papeles hasta 18 meses. Los menores podrán ser enviados a países distintos de los de origen. La asistencia jurídica gratuita se ofrece en determinados casos. En Italia, el gobierno de Silvio Berlusconi impulsa una reforma que convertirá la inmigración ilegal en delito castigándola con hasta cuatro años de cárcel. También ha otorgado poderes especiales a los delegados del gobierno para `evacuar y expulsar` a los gitanos y ha autorizado que 2.500 militares patrullen junto a la policía para combatir la inseguridad, a la que vincula con la inmigración ilegal. Francia exigirá a los inmigrantes la firma de un `contrato de integración` que les comprometa a conocer el francés y respetar las costumbres de la República. Además fijó cuotas de inmigrantes a expulsar: 25.000 en 2007 y 26.000 en 2008.

ANTITERRORISMO. El Reino Unido amplía de 28 a 42 días la detención sin cargos a sospechosos de terrorismo. Francia permite interrogar a los sospechosos durante seis días sin abogados defensores. Las normas que regulan el control en los aeropuertos de la UE son secretas. Suecia acaba de aprobar una ley que permite a los servicios secretos leer correos electrónicos y escuchar llamadas telefónicas.

CONDICIONES LABORALES. La UE planea una directiva que pondrá fin a la jornada laboral máxima de 48 horas semanales aprobada por la OIT en 1917. Pasaría a 60 horas y, en casos excepcionales, podría llegar hasta 78. España se opone. En los últimos seis meses, tres sentencias del Tribunal de Luxemburgo han dejado clara la prevalencia de los intereses de las empresas frente a derechos sindicales.

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