Rock-Garage | (Warner)
En la Rolling Stone de abril aparece en tapa: "Blue Brothers. Mick (Jagger), Keith (Richards) & Jack White on Getting Off, Getting Old and Passing The Torch". Valoración justa, a tiempo y acertada sobre la figura de White, cantante y guitarrista de White Stripes y The Raconteurs, encargado de continuar con la posta rockera por los próximos años. Ocurre que este joven de Detroit es de los mejores sucesores actuales del rock and roll de los setentas y del género garagero.
De la historia del rock pueden extraerse múltiples ejemplos de arquitectos del riff: Black Sabbath, Deep Purple, Led Zeppelin, ACDC, Steppenwolf, Rolling Stones y…Jack White. Sí. El tema Seven Nation Army, imposible de extirparse de la cabeza después de escucharse. Y de esos White tiene varios. Riffs originales, adherentes y demoledores. Con Icky Thump, último disco de White Stripes (2007), el joven ratificó lo asesino y efectivo que puede volverse con su guitarra, al tiempo que la batería envilecida de Meg White lo acompañaba y envolvía. El verdugo guitarrero no se cansa de lanzar buenos discos, sea con quien sea. El segundo álbum de los Raconteurs retoma el rock garagero de su anterior Broken Boy Soldier y las influencias de Zeppelin, The Who e incluso los Beatles.
Los Raconteurs aúnan perfecto la factura rockera de White y cierto espíritu pop de Brendan Benson, y así lo lucen en el "sucio beat" Old Enough. Hasta revientan cuando exhiben sus aptitudes para la power balada de You Don´t Understand Me, de potentes teclados eléctricos, y asombran con una mezcla algo novedosa de country-rock en Top Yourself. Y registran un futuro clásico del rock actual con el rudo y cuadrado Salute Your Solution.
En Consolers Of The Lonely, The Raconteurs dinamitan con su sonido aplanador y guitarrero, crudo y sucio, en mayores dosis que su anterior disco. Pero no se trata de puro ruido que se pierde en sí mismo, en estridencia por estridencia. Saben canalizar la rabia y energía rockera, aprovechar el "ruido" sin volverse "ruidosos". Domarlo y crear, a través de las guitarras homicidas de White y Benson, locomotoras de furia pero con dirección. Por ahora, junto con Real Emotional Trash de Malkmus, lo mejor del año.
Growing Pains
Mary J. Blige (Universal)
En su octavo Growing Pains, la heredera de Aretha Franklin luce su voz membruda y dulce, en un trabajo estacionado en el hip-hop, el soul y el R&B contemporáneo. Se palpa cierto espíritu oldie, setentero, cercano a las canciones de Marvin Gaye y la música disco, mucho sintetizador y baterías repetitivas. Mary J Blige asegura agitaciones de cadera, tararear cada canción y material para ambientar una fiesta. La neoyorquina consigue sostener casi por completo un disco de dieciséis temas, caracterizados por los coros y tonadas pegadizos. Growing Pains es una buena lección sobre cómo se pueden hacer ritmos bailables con recursos modernos pero sin perder elegancia melódica.
11
Bryan Adams (Universal)
Algunos artistas dan la sensación de que ni ellos mismos se creen mucho lo que hacen. Al último disco de Adams le parece pasar eso. El canadiense supo componer canciones de valor, como Summer of 69´, Heaven, (Everything I Do) I Do It For You - banda sonora de Robin Hood-, entre otras. En 11 continúa con la lírica romántica, de temática iterativa sobre la mujer como remedio vital y la incomprensión del abandono. Su voz apenas graznada y afable se mantiene invariable, algunos punteos simpáticos (Tonight we have the stars) y coros recordables pero, en general, melodías demasiado livianas, que no se "ajustan" con lo que canta. O sí, y sólo quedan para el soporte radial, sin mayores horizontes.
The Electrical Morning
Marlango (Universal)
Banda española que suena a británica. Por el perfecto inglés de la cantante Leonor Watling y por ese pop refinado amasado con otros géneros. Watling es la pareja de Jorge Drexler, quien aparece en la canción Hold me tight con una participación ajena a lo que el músico uruguayo hace, pero atinada. Atmósferas jazzeras, algunas guitarras pop y ambientes psicodélicos. The Electric Morning, tercer trabajo de Marlango, crea amigables climas sonoros, sin resultar muy "volados", a través de violonchelos rudos, acordes retro, teclados de melodía infantil, múltiples instrumentos y, sobre todo, gracias a la voz fosca y a la vez limpia de Watling.